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LA MUERTE DE KRUPP VISTA D E L P A L A C I O D E K R U P P E N H Ü G E L epígrafe, confesémoslo sin alambicar demasiado, es de lo más sugestivo y filosófico, y aún lo sería más en esta forma: La muerte y Krupp. Con escribir este epígrafe basta para que cada cual ponga debajo un tratado de filosofía ó un apólogo cuya moraleja adivina el más torpe ó el menos inclinado á la poesía didáctica é intencionada. La muerte no perdona ni siquiera á sus más leales servidores, á los que con mayor empeño y más continua tenacidad emplean su ingenio y su ciencia en auxiliarla, y no ha perdonado al gran constructor de cañones, al hombre prodigioso para. quien parece haberse escrito la frase celebérrima de Bismarck la fuerza sobre el derecho. Verdad es que el Krupp cuya muerte lamentan hoy millares de obreros. E L P A R Q U E DE H Ü G E L para quienes el patrón era un verdadero padre, no es el que mayores daños causó indirectamente á la humanidad, es decir, el famoso Alfredo Krupp, sino su hijo Fritz ó Federico, mecánico eminente que convirtió la antigua fundición de cañones de Essen en uno de los más admirables talleres del trabajo humano. Lo que empezó de modo tan humilde, es hoy una verdadera población de obreros, que allí disponen de cuanto les es necesario. Como p u e d e n ver nuestros lectores, Federico Krupp, que era un trabajador infatigable, cuando llegaban las horas de descansar s a b í a darse buena vida. Habitaba ün magnífico palacio en Hügel, y en él le ha sorprendido la muerte. BIBLIOTECA EN EL PALACIO DE KKUPP