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i A: C O T hace veintitrés años que Madrid presentaba el aspecto brillante de una fiesta. T i J Aquel día, 29 de Noviembre de 1879, se celebraban las bodas de S. M. el Rey de España D. Alfon so XII de Borbón con la princesa imperial, archiduquesa de Austria y princesa real de Hungría y de Bohemia doña María Cristina Deseada Enriqueta Felicidad Baulero de Hapsburgo- Lorena, abadesa del imperial y real Noble Convento de Damas del Alcázar de Praga, y dama de la Cruz Estrellada de Austria. El augusto novio había cumplido el día anterior, 28 de Noviembre, veintidós años, y la novia llamada á tan altos destinos se hallaba en su veintiuna primavera, pues nació el 21 de Julio de 1858 en Graz Seelowitz, cerca de Brünn, en Moravia. En Viena, cuando cinco años antes el Eey era alumno del Colegio Teresiano y la Archiduquesa una flor que se entreabría en los alcázares imperiales, se conocieron, y en el último mes de Agosto se volvieron á ver en Arcachón, presentando él la demanda, que acogida por ella dio al Monarca esposa amante y á España una Keina que había de figurar por sus virtudes y por su talento entre las más preclaras que han ocupado el trono. El 28 d e Noviembre de aquel año pisó por primera vez doña María Cristina el suelo español; la acompañaban su augusta madre la archiduquesa Isabel, el archiduque y la archiduquesa Eaniero, y numeroso y lucido séquito de damas y caballeros austríacos, y la recibieron, al pasar nuestra frontera, el sumiller de Corps, marqués de Santa Cruz; el inspector general de los Reales Palacios; el capitán general del Ejército del Norte, marqués de Miravalles; el representante de Austria en Madrid, conde de Ludolff, con todo el personal á sus órdenes, y las autoridades populares de los pueblos de la frontera. La detención fué breve; el viaje hacia Madrid, rápido; y á las ocho de la mañana del día 24, el tren que traía á la nueva Eeina se detenía en una estación improvisada en la Casa de Campo, y allí el Rey la acogió amoroso y la presentó á sus augustas hermanas. Terminados Jos saludos y las presentaciones, las archiduquesas, acompañadas por el Rey, se dirigieron al Real Sitio de El Pardo, en cuyo Palacio había de vivir hasta el próximo día del enlace. Allí recibió la futura Reina los homenajes del Gobierno y de los Cuerpos Colegisladores; allí se firmaron las capitulaciones matrimoniales y se verificó la ceremonia de los dichos, y de allí salió la mañana del día 29 para vestir en 1 ministerio de Marina las galas nupciales con que se prosternó ante el altar de la patrona de los leyes de España, para unirse con lazos que sólo rompió la muerte con el que la había elegido para señora de su hogar y compañera en el trono. De aquella basílica, en la que formaban trofeos las banderas que evocaban glorias nacionales, salió, hoy hace veintitrés aííos, reina de España la que había entrado archiduquesa de Austria. Breve e s el tiempo que ha transcurrido; grandes y trascendentales los sucesos acaecidos, y muy poco lisonjeros; pero la adversidad ha sido piedra de toque que ha revelado las nobles virtudes de la esposa y de la madre 5 las altas cualidades de la Eeina. Blanca y de flores fué la corona que ciñó su frente juvenil hoy hace veintitrés años; era aquélla la diadema de las ilusiones y de las esperanzas. Hoy su corona es la aureola del deber cumplido, y el velo de la viuda y los anhelos de la madre han dejado entre sus cabellos de oro los prematuros, hilos de plata que forman su mejor diadema. Ante ella nos inclinamos sus contemporáneos con respeto, y ante ella rendirá la Historia el tributo de justicia que m. erece la madre del Eey huérfano y la Regente del Reino. KASABAL FOT. i r DEBAS