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o es, ciertamente, nuestro gusto ni conforma con nuestras aficiones el comentar las noticias de crímenes, mas, por desgracia, constituyen éstas en nuestros días un aspecto tan importante de toda información completa, que es imposible dejar de mencionarlas sin que la atención pública se vea defraudada. El último crimen, cometido en la persona de un ciudadano honradísimo como lo era el cochero Joaquín Zaballa, ha excitado en grado sumo la indignación pública, no sólo contra el autor de la cobarde, brutal é injustificada agresión, sino contra las autoridades y los funcionarios que por negligencias verdaderamente deplorables no supieron darse cuenta de la gravedad que el suceso revestía, á pesar de haber procedido, no ya la víctima, sino la dignísima persona á cuyo servicio se hallaba ésta, con toda diligencia y escrupulosidad para que el crimen fuese descubierto, detenido su autor y la justicia satisfecha, ya que el daño fuera imposible de remediar. La muerte del cochero Zaballa, á mansalva, sin represión de ningún género, en uno de los sitios más céntricos y concurridos de Madrid, es una lamentable prueba de lo que tantas veces se ha dicho (y no por quejarse de vicio ni por hacer la oposición á las autoridades, como suelen decir éstas en semejantes casos) de que en esta deliciosa capital se vive de milagro y sólo por especial é indulgente permisión de la Divina Providencia. La existencia délos madrileños pacíficos se llalla absolutamente á merced del primer forajido que tenga habilidad para dejar pasar unas cuantas horas entre el crimen y el descubrimiento de T N EL COCHERO JOAQUÍN ZABALLA FOT. GAERORENA EL ENTIERRO DE ZABALLA EN LA CALLE DE VILLANUEVA DESPEDIDA DEL DUELO: LOS COCHEROS DE PUNTO EN PARDIÑAS éste. Y menos mal cuando, como ha ocurrido en el caso del infortunado cochero, la víctima pertenece á una clase social unida por vínculos de estrecho compañerismo y enérgica en la defensa de sus derechos. Ya que no otra cosa podían hacer, los cocheros de Madrid rindieron al compañero asesinado el más hermoso y elocuente tributo de afecto acudiendo al entierro, que fué una magnífica manifestación de duelo y de protesta. DUCADOS y avezados como estamos en la diaria consideración y lectura de crímenes y atrocidades, nada de extraño tiene el que los espectáculos más emocionantes, los que hacen vibrar con mayor fuerza los nervios de otros pueblos, no nos causen más que una impresión de frialdad. Recuerdan los viejos las habilidades que hizo en la cuerda tirante pasando por cima del estanque del Retiro, ya solo, ya acompañado por un individuo á quien llevaba á cuestas, el difunto y famosísimo funámbulo monsieur Blondín. Un imitador de éste, Arsens Blondín, se presentó el domingo en la Plaza de Toros vestido, digámoslo así, de Garlo Magno; pasó y repasó una cuerda colocada á la altura de los palcos y fué poquísima gente á verlo. ¡Claro! ¿Qué interés puede haber en dar dinero por ver romperse la cabeza á un semejante, si ese es un espectáculo que en la calle lo estamos viendo todos los días? EL FUNÁMBULO ARSENS BLONDÍN ATRAVESANDO LA r A 7 A DE TOROS FOTS. ASENJO E