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o os podéis imaginar lo qué me h a pasado u n dm con m i amigo Luis Megín, y os l o tengo que contar. No obstante ser escritor jurídico, el h o m b r o tiene una hija llamada Ireno que e s linda como u n a flor, sin que l e p r e s t e alegría aquella rosa de Abril, pues tiene u n genio do mil demonios el tal Mogía. Oierta noche, enamorado de Irene, fui á su morada, y al decirme la criada que Luis e s t a b a ocupado, que se encontraban pensó lejos sus habitaciones, y á Irene sin preeaucionea mi p u r o amor declaré. M a s me salió mal la cuenta, pues me llamó el padre, fui á su despacho y allí, mostrando actitud violenta, Luis agarró u n ejemplar (que s e encontraba á su lado) de u n libróte desdichado que acaba de publicar, y ¡zasl desde su sillón y en alas de su fiereza me lo envió á la cabeza, d o n d e aún conservo el chicbén. E s t o hubo, y al otro día de ocurrir tal desavío, me dijo u n amigo mío hablando de Luis Megía: ¿Qué opinas? -Que os un fantoche, ¿De fijo te h a b r á enviado su libro sobre el Jiiri S í chico, ayer por la noche. ¿Verdad que es obra do u n loco? ¿Te entró en la cabeza á ti? -No me entró- -le respondí, ¡pero le faltó m u y poco! ¿Y n o salios lo que ansio? Que e l brulú de Luis iSlegía se plante en mi casa u n día pidiendo algún libro mío; pues si á venir se propasa, u s a n d o yo de sus modos, I pienso dedicar todos los libros que tengo en casa. JuAS P É R E Z ZÚÑIGA