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NOVELA DB DON HERMINIO MEDINAVEITIA. ILUSTEACIOKKS DE MÉNDEZ BBINGA DEL CEKrAMEN LITERARIO DE BLANCO Y NEGROí li calor era como de fines de Junio; ni tanto que convirtiese el aire en brasas, ni tan flojo que no convidase al chapuzón del baño á la gente joven que necesita refrescar su sangre ardorosa. Aquel día, sin embargo, soplaba el Sur, y el aire pesado, como soñoliento, brindaba á la pereza y a! reposo. Vísperas de San Juan y domingo, aprovechábanlo los vecinos de Laumbrosa, labradores en su mayor parte, á celebrarla fiesta, jHartas les cogerían de allí á poco entre aquellos trigarrales que el sol doraba, para tostarlos luego con tonos de rubio quemado; y no pocas habían de pasar encorvándose con la hoz en la siega, ó atando afanosas en gavillas los áureos haces! Los mozos, seis ó siete por lo menos, después de la partida de bolos por la mafiana y de comer, cuando el esquiloncillo de la torre tocó al Angelas, á refrescarse el cuerpo fueron al remanso del río que por la villa pasaba. Allá, en Los Avellanos, un siiio oculto por la umbría de la fronda, donde los rayos del sol, metiéndose por entre el follaje, cabrilleaban en las ondas quietas, en reposo, como también dormidas por el calor, chapuzábanse alegres, hasta que otra vez la campana les llamaba á las vísperas. May endomingados, con la camisa limpia, zapatos de cuero amarillo con cintas rojas, al cuello un pañuelo de colores chillones, los mozos llegaron á la playa aquella donde el río quería meterse, como descansando de BU constante peregrinación, en el rebaje del ribazo, que era uno de los lados del cauce por donde las aguas corrían. Sobre la verde hierba, fresca, lustrosa, sentáronse unos para desnudarse; otros, más pudorosos, en el escondite natural de Los Avellanos requirieron el sitio adecuado para despojarse de la ropa. Gente de buen humor, entre cuchufletas y bromas, en un santiamén estuvo dispuesta para lanzarse al río. Sidoro, un mocetón robusto, fué el primero que se arrojó al agua; siguiéronle otros, sus amigos; éste abalanzóse de cabeza con laa manos en lo alto, dibujando en el aire escorzo atrevido y difícil; aquél echándose de bruces, como si ea el río ene) ntra 38 b ando lecho de frescura Ya en el agua, agitábanse inquietos, nadaban cortando el cristal de las linfas con los brazos, deslizándose entre ellas como tritones, formando remolinos de espuma con el mover incesante del cuerpo, de las piernas, con el jugaetear entre las ondas, haciéndolas saltar en lluvia de perlas por el eol irisadas en lo alto, ó buceando en lo hondo para arrancar con las manos las piedras del lecho. Refulgían como plata los pliegues del río, rizándose y desrizándose con el movimiento de los nadadores, ó mecíanee en suaves ondulaciones, como 6i blando soplo las agitara. -Ni q ie la vamos á pasar bien hoy, Bruno, -üíjo Sidoro á un mozo más joven que él, mientras ee zambullía entre las ondas y se deslizaba por ellas, cortándolas con el tronco ágil y fornido. -Ati cuenta- -repuso el otro- -que tío va á ser jaleo y jarana dista el martes. -Yo- -intercaló un tareero, que más perezoso veía á sus compañeros desdela orilla- -ya me speio déla casa hasta camanezca Dios ese día. Un grito gutural de uno de los mozos, que en aquel momento acababa de darse un chapuzón de cabeza, cortó por el pronto la conversación. Al mirarle, viéronle los chicos chorreando agua por la pelambre enmarañada, metiéndoselos puños por los ojos, que no podía abrir, con un gesto de espanto en la cara queles movió á risa. Todos gozaron el accidente, y mientras uno intentaba una cabriola en el aiie y otro quería esquivar el chaparrón que á manos llenas le enviaban dos gañanes de aquellos, Paacualón, Que apenas habló antes, díjole á Sidoro entre brazada y brazada de B ejercicio de natación: U