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ioié TKÍ oe ¡H a y que quererle cuando se le ve t a n desgraciado I Y es que, entre otras cosas, el cante flamenco tiene esa buena condición: desarrolla los buenos sentimientos y la compasión de tal manera, que muchas veces me he tenido que m a r c h a r á mi casa con el corazón metido en u n puño y con u n a pena m á s h o n d a que un pozo. Pero aunque en el cante domina la nota sentimental y hay aquello de Tengo una pena, una pena pena que me está matando, se lo contaré á la tierra cíiando me estén enterrando, y lo otro de Llorando me paso el día y llorando por la noche; iprernila JDio- s- de los cielos que la ñda se me acorte! también se cultivan otros géneros, para lo que citaré á continuación modelos distintos; V. gr. E l cante de buena fe: A la mar fui por naranjas, cosa que la mar no tienel metí la mano en el ayua, la esperanza me ma itíene. Otro ejemplo: ¡Cuííndo llegara aquel día que yo te encuentre en la calle ¡j te diga: Oí e, morena, ¿dónde pusiste la llave? E n estos dos, como en otros de su género, se revela la ingenuidad, la confianza, la buena fe, en u n a palabra. Pero a h o r a vean ustedes este otro modelo, el criminal, que es de los que m á s se llevan: ¡Anda que te den un tiro que los redaños te parta por lo que has hecho conmigo! Cuchillo quisiera ser, para meterme en tu carne y rebañarte después. M x MQtTE estamos muy lejos de los clásicos del café Imparcial, especie de JBayreut del cante flamenco, sigue cultivándose, sin embargo, actualmente en otros tablados menos característicos, es verdad, pero también muy sugestivos y atrayentes. Y es que el cante p a r a muchos es de u n a absoluta necesidad. Cuando el cantaor se sienta en el mismo borde de la banqueta, con u n palito p a r a marcarse solemnemente lo que canta, y se lleva la mano al cuello de la camisa haciendo un gesto de contrariedad, como si el cuello le estuviera estrecho, ¿qué duda cabe que en aquel momento la flgiira se reviste de una solemnidad propia de mayores empresas, y h a y que gritarle con arranque ¡ole t u cuerpo! y ¡vivan los hombres pundonorosos! P u e s si después de t a n artística preparación nos cuenta entre sollozos y angustias lo mucho que quiso á su madre y lo sólito que está en. el mundo, ¿cómo n o sentir deseos d e acercarnos á él y acompañarle en el sentimiento? f E s t e género de cante está, como ustedes comprenderán fácilmente, dentro del Código Penal, p o r q u e tiene todas las de la ley. Pero, en cambio, y como justa compensación, v i e n e el género que pudiéramos llamar maternal, donde el cantaor se deshace en u n mar de lágrimas cuandocanta: Un beso di en una tumba, y la tumba se moeió; y era que debajo estaba la madre que el ser me dio. Al salir del cementerio sin querer pisé tina dalia, y se levantó mi madre, ¡mipobre madre del alma! E -to, y que me dejen de tonterías, es lo castizo, lo pitrí, lo que tiene verdadera salsa y vistas al campo. Con el cante y los toros bien poco se n o s p u e d e dardel concierto europeo y de la triple alianza. LTOS GABALDÓN DIBUJO DE SOJAS