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fimnl xiSTBH- datos (ui iosisi mos referentes- a este famoso lago, los males renuncio á transcribii porque, además de que faKeaii la verdad, con ellob resultaría pri lijo este trabajo. La Albufera, palabra d e r i a d a del árabe Al- Bu ira, que sianiíi ca el lago, es obra exclusi a de la Naturaleza, jue formó este dilatado estanque pai a desagüe de la vasta llanura resada por el Turia y el Júcar, al mediodía de Valencia. U n coche de postas conduce desde la capí tal al embarcadero del Po 7i t de Peransa. Allí comienza el canal por donde navegan las em barcaciones de quilla plana; h a n de ser así forzosamente p a r a flot a r en poco fondo. Los campos de arroz van mermando considerablemente los límites de la laguna, y las palúdicas marjales de Senill (espesos bosques de carrizo ó cañaveral donde se crían los ánades) van siendo sustituidas por fecundos bancales, d e donde el labrador valenciano espera la recompensa de su trabajo constante y fatigoso. Hincando la percha á cada momento en ex fondo fangoso i d e las aguas, x n o s conduce f -AM 4 vWkr -jrtn iin JMw f i U 4 SÍ. el 1 ústico gondolero por los canales e s t i e c h c s q u e lle aii al P a l m a i e l Saler y el I erelló, londe ya tci minada la Dehesa, larguirmíia lengua areno a de piíiaies raíjuiticos, se comunica el lago con el m a r por u u estrecho cauce, que se c i e ñ a ó abre según las conveniencias agrícolas. Cuando las aguas de la Albufera suben, el P a l m a r queda convertido en una isleta, y en península dimin u t a cuando decrecen. Pocas casas y algunas barracas, redondas por el lado posterior y enjalbegadas todas con blanca cal, se agrupan en aquel reducido espacio de tierra firme, donde crecen las eneas y las espadañas. Sus habitantes se dedican á la pesca a b u n d a n t í s i m a que entra del m a r en d e t e r m i n a d a s épocas. Por las riberas del canal tienen los vivera, especie de barracas construidas á flor de agua, con cañas las paredes y paja la techumbre gris; sirven de depósitos para guardar las anguilas, las cuales viven en el agua que penetra por el tejido de cañas, el cual forma una especie de banasta donde quedan prisioneras. En cambio, el Saler es el centro do la caza. Cuando se ha verificado la importante operación de la siega del arroz, queda todo convertido en u n lago inmenso, con la pacífica ondulación del agua estancada. Coincide esta fecha con la venida de las aves que acuden ahí huyendo de los fríos del Norte. Aunque la mayoría la componen las fojas (fúlicas) y los ánades, son tantas ias diversas clases que pueden encontrarse, que el doctor D. Ignacio Vidal, catedrático de Zoología de la Universidad de Valencia, en su Catálogo de las aves que frecuetitam el lago de la Albufera y sus alrededores, escrito en 1861 y publicado por la Eeal Academia de Ciencias, enumera y clasifica ciento cinco especie