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EL CASTILLO DE SAMA, PROPIEDAD DE LOS MARQUESES DE M A R I A N A Ü Kiv F J n Q U K D E eiLíviA 1 s el más hermoso de Cataluña. En él se han celebrado jiras inolvidables para la sociedad más distinguida de Barcelona, siempre obsequiada espléndidamente por los dueños, los marqueses de Marianao. Gózase allí del silencio de los campos, la pureza del ambiente, la coloración radiante del cielo, las acres ráfagas del mar latino, que entona endechas al solitario Cambrils; de un paisaje de remotas lejanías coronado de montañas, inmóviles guardianes del rojizo picacho de la Virgen de la Roca, y sembrado de avellanos, algarrobos y grisáceas manchas de olivares. El castillo, de estilo francés, se deja acariciar como u n sultán por aquella Naturaleza, que lo inciensa en el eterno desate de sus aromas silvestres. E n él han puesto: el arte, esculturas, trofeos, lienzos, blancos y bruñidos mármoles; el lujo moderno, su confort; el buen gusto y la bondad de los dueños, redes de seda que aprisionan al huésped, no dejándole partir. El castillo, con sus veinte habitaciones que aguardan siempre invitados; su biblioteca, billar, oratorio, cuadras con 18 caballos de tiro y silla, cocheras con 16 coches, etc. etc. no supera al parque, donde aparecen el invernadero, entre cuyos cristales, bajo las plantas raras arrástrase u n sudor de eterna vida; los serenos lagos, caldos en la inmovilidad del cuento de Andersen; la almenada torre castellana, cuyo basamento lo es una montaña de roca; cascada, bicicleta acuática, lanchas y aquella costosa colección zoológica en la que hay de todo: cisnes negros, gansos de Egipto, mandarines, gaviotas, flamenco rosa, iris sagrado, marabut, faisanes, melarroto, sbénoe, basa negro, buitres, halcones, pico de coral, degollado, cocodrilo, el caimán siempre en acecho al ras de tierra, y la ondulante pantera de África, tendida patas arriba, doxicement, en un movimiento de gata mimosa A. -IÍ -Y además el soto de caza, y la granja, y la gran bodega, y el molino de aceite, y los anchos paseos, y los terrenos de experiencias, y, en fin, los extensos campos sembrados. No falta en el castillo ningún entretenimiento: juegos, fotografía, música, paseos á caballo- -la marquesa y su hija son consumadas jinetes y hábiles tiradoras; -las famosas excursiones á Plana deis Españals y á Escornalbou, para las que se organií- an caravanas de amazonas y jinetes con tiendas de campaña, etc. Los días allí transcurren rápidos. La otra tarde charlábamos de todo eso, y se trazaban planes para la invernada de Barcelona, mientras acercábase el instante de la gran déroute de la luz por la sombra. E r a u n momento hermoso. Invadía el parque soplo de perfumes que exhalaba la huerta. Trepaban las hortensias por los recios plátanos, sirviendo de guirnaldas á los trapecios en que mecen sus colores multitud de aves americanas. Dentro del túnel verde había tonalidades de E e m b r a n d t y los árboles, en su gallardísima arrogancia de walkyria, antojábanseme candelabros del viejo arte con su raíz por trípode, su tronco por abordonado fuste y su copa por hachero que contenía reflejos del sol Del sol que arriba, como u n Kalenda, gozábase en arrojar sus últimos polvos de oro sobre las palmeras, eucaliptus, cedros, mimosas y lupantas, próximo á dormirse en el silencio del crepúsculo, en la casta sublimidad del campo en reposo i MONTAÑA ARTIFICIAL EN LAS MÁRGENES DEL LAGO DARÍO PÉREZ FOTOGRAFÍAS DE S. TORIJA