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vliííB los monarcas de Europa, no hay otro más envidiable que esta ilustre señora, reina por lai IVTTJ ley, por el talento y por la virtud, llegada al trono de u n pueblo que despierta, y querida, mejor, adorada de sus subditos, quienes no pueden menos de estimar en cuanto vale la acción eficaz de la soberana, no ya en los menesteres del gobierno, sino en la dirección de la cultura patria, en el cultivo de los sentimientos populares, en el ejercicio de la caridad. Pero si envidiable es S. M. la reina Isabel de R u m a n i a por hallarse al frente de u n pueblo que ahora comienza eu historia, y que según parece no tiene que temer asechanzas de ningún género porel exterior, pudiendo, por tanto, entregarse con sosiego y tranquilidad á la útil labor de su interior engrandecimiento, rnás envidiable es aún Carmen Suva, la insigne poetisa rumana, que sabe desdeel trono llegar al alma de los campesinos y de los soldados, de los humildes de su país, cantando con dulce ó inspirada voz antiguas leyendas y modernos relatos. La poesía vaga y misteriosa que en los cuentos y leyendas de Carmen Silva encontramos, su inspiración selvática y su grandiosa manera de interpretar el sentimiento de la Naturaleza, todo esto nos lo explica perfectamente el conocimiento del delicioso retiro en que la reina de Kumanía pasa el verano y los comienzos del otoño. E s el castillo de Pelesch el palacio ideal soñado por un poeta melancólico, el recóndito y apartadoalbergue de los ensueños y de las fantásticas tradiciones. Oculto en medio de frondosísimos y espesos bosques de pinos, plátanos y encinas que trepan, por la cumbre del castillo y por los montes Cárpatos que rodean á éste, parece una de esas residencias encantadas de los poemas de Tennyron ó de las leyendas de Zorrilla. So puede ocurrir en tan encantadores sitios nada que sea vulgar, y hasta parece que el estruendo y aparato de la vida oficial y la tiesura de la etiqueta palaciana deben huir de aquel discreto, hermoso y umbrío retiro, propio para la meditación y para el recogimiento. Y en efecto, así es. S. ¡U. la reina Isabel lleva en el castillo de Pelesch una vida apacible y sencilla lejos de todos los ruidos de la corte. Allí pasa unos cuantos meses, no ciertamente de reposo, sino detrabajo literario, que para ella es una manera de descanso. La fotografía que nos remite nuestro corresponsal de Viena representa á S. M. acompañada de SUJ regio esposo, saliendo á pasear por los alrededores del castillo de Pelesch en u n típico cochecito. Dentro de pocos días S. M. abandonará ya la residencia veraniega y tornará á la corte, donde lellama, no el afán de las fiestas y solemnidades, sino el cuidado de sus subditos. FOT, FRA KL