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LA CARIDAD ESPAÑOLA I UHio en un pueblo de la provincia de Avila cier- ta piadosa dama cuya vida fué reverberación de antiguas virtudfS españolas, y atenta sólo á garantizar su felicidad eterna con los despojos de su grandeza m u n d a n a legó cinco mil pesetas de renta y su casa vetusta y solariega p a r a fundar en ella u n hospital donde se ampararan y socorrieran los enfermos menesterosos de aquel vecindario, instituyendo patronos de t a n benéfica obra al alcalde, al cura párroco y al juez municipal de dicho pueblo, y en adelanto á las personas que legítimamente les sucedieren en sus cargos. Kran hombres bondadosos y rectos los patronos: algo débil de carácter el alcalde, como es propio de cual- iÁ Emr IÍBite T B M B L J P B J H H I- P j J B H H a M I K h- i g MHMÍ -3 K jUmUgim ljp! quiera autoridad moderna; u n tanto disoiiignidor y sutil el cura, como digno fruto de estudios metafísicos, y bastante inclinado á la voluntad de los caciquea el juez, como conviene á todo instrumento de justicia española; pero en los tres resplandecía la virtud caritativa de n u e s t r a raza, y tomaron á su cargo, con la mejor voluntad y buen deseo, la misión filantrópica que se les había encomendado. P a r a hacer el presupuesto y distribución de las cinco mil pesetas y conferir los cargos á los empleados en la obra benéfica, se reunieron los patronos en la casa del seí 5 cura, y allí, después de tomar choco, ate y un vaso de agua azucarada, el sacerdote habló de esta manera: -Y a que no podamos confiar el hospital á j. as h e r m a n a s de la Caridad, Gomosería mi gusto, me parece que debemos n o m b r a r hospitalera á la señora Ambrosia que, como ustedes saben, es u n a pobre viuda con cinco hijos, muy necesitada de socorro. Además, como el teniente aura, modelo de sacerdotes, que mantiene á su madre y tres h e r m a n a s no puede sostenerse con la menguada consignación que le dan, raeparece muy puesto en razón que le nombremos cura del hospital, con obligación de sostener el culto en la capilla del mismo y de asistir espiritualmente á los enfermos. -Convenido, -respondió el alcalde, y prosiguió diciendo: -Yo no tengo exigencias de ninguna especie: únicamente desearía que aparte de la gratificación que demos á D. Eamiro, el médico, le designemos u n practicante, porque así lo reclaman las necesidades de este servicio; para tal objeto he pensado en el hijo de la, señora Tomasa, que es u n excelente muchacho con estudios bastantes, y cuya madre, ciega y achacosa, no tiene más amparo que el de su hijo. -Por mi parte- -replicó el juez, -está convenido. Otras personas me habían hablado para ocupar esos cargos, pero m e parece muy acortada la designación que ustedes han hecho. Lo único que yo deseo es que no nos cueste el dinero esta obra, ya que reclama nuestra vigilancia; y, por lo tanto, debemos consignar una partida para nuestros viajes á Madrid, así como u n a gratificación p a r a el auxiliar del Ayuntamiento, que escribe m u y bien, puede ser nuestro amanuense y el que lleve los libros, redacte las cuentas y se encargue del trabajo material de esta empresa. Ustedes saben que Nicolás está en situación m u y precaria, es listo, lleva él solo el trabajo de la Secretaría y se contentará con u u a pequeña retribución que le demos. -Admirablemente, -dijo el cura. -Destinaremos á imprevistos una partida donde se incluyan los gastos de patronato, reparación del edificio, etc. etc. -P e r d o n e usted, señor cura- -replicó el alcalde; -las reparaciones del edificio será mejor contratarlas por un tanto alzado con Marcelo el albañil; el pobre en el invierno carece de trabajo; es padre de u n a numerosa familia, y de este modo podrá dedicarse todos los años á hacer cuantas obras y reparos sean necesarios en el edificio, que es de sobra viejo y espacioso. -P a r a lavar, repasar y planchar la ropa- -dijo el a l c a l d e h e pensado en la pobre Micaela, que es- -Basta, basta, señor alcalde- -exclamó el cura; -hágase usted cargo de que no tenemos el bolsillo de Santo Tomás. E s o de la ropa debe encomendarse á la hospitalera. Usted todo lo quiere para sil ¡Ojalá la difunta nos hubiese legado veinte mil pesetas de renta en vez de cinco mil! Entonces haríamos u n g i a n hospital, habría para todos, y nadie quedaría descontento; pero n o podemos estirar los pies m á s allá de la sábana. Después de discutir largamente, guiados del mejor propósito y de los m á s caritativos móviles, redactaron los patronos el siguiente proyecto de presupuesto: L a hospitalera, 750 pesetas; el teniente cura, 750 ídem, el médico (gratificación) 600 ídem; el practicante (sueldo) 1.000 ídem; el albañil, 500 ídem; el farmacéutico y medicinas, LOOO ídem; el escribiente, 50 ídem; imprevistos, 250 ídem. Total, 6.000 pesetas.