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X. í t t -et A V E S DE P A S O E alza en ia cresta de peñón bra- yio que hacia el mar, atrevido, se adelanta como espolón de colosal navio, vieja torre feudal, cuyo almenaje salpica con ¡a espuma que levanta el hirviente oleaje que furioso en las rocas se quebranta. El incansable mar, que noche y dia va en su ambición con pertinaz porfía palmo á palmo internándose en la costa, cuando llegó á borrar la senda angosta que el peñascal con la ribera unía, la fortaleza aisló, como si fuera el paso estrecho levadizo puente que se alzase de pronto, y nuevamente jamás, el foso por salvar, cayera. Y siempre triste, solitaria y muda, sobre la cresta estéril y desnuda de la corlante cima, tan sólo la arruinada fortaleza con pasajero júbilo se anima cuando la alegre primavera empieza ó el aterido invierno se aproxirña. Entonces, de la torre abandonada viene á posarse en las desiertas ruinas, S cuando emigra ó regresa, la bandada de alegres y paridas golondrinas. Entonces, con gorjeos semejantes á risas; con rumores, y píos, y murmullos, y aleteos, alegrarse parece la sombría y triste fortaleza, fiel imagen del alma que del mundo los dolores llenaron de tenaz melancolía, y sólo espera que del cielo bajen la ventura, el amor y la alegría. Mas ¡ay! en breve el jubiloso bando, cual si á una voz de mando obedeciese, el presuroso vuelo de pronto desplegando, vuelve á cruzar la inmensidad del cielo. ¡Cuántas veces, al ver que de repente, sin convertirse en realidad, huyeron las gratas ilusiones que abatieron su vuelo en torno de mi mustia frente, m. e acordé del castillo destruido, en cuyas tristes y desiertas ruinas un instante al pasar las golondrinas posan el vuelo sin labrar el nido! MANUEL DE S A N D O V A L del vuelo fatigada,