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de las primeras y carecen además del brío épico, de la fuerza descriptiva, del movimiento, colorido y vivo andar de la narración. El alma del gran artista combatida con tan rudos golpes, y su inteligencia anublada por las pequeneces de la lucha, y sus ojos cegados por el polvo de la batalla diaria, habían jierdido la clarividencia, la recta percepción de la realidad, el juicio sereno y acertado, la audacia en el pensar, la inconcebible osadía en el describir. E n las últimas obras, y señaladamente en París y en Fecondité, se advierten las vacilaciones, los tanteos, la falta de firmeza en el pulso y de lógica en la ideación; Zola, aquel cerebro tan firme, aquella pluma tan segura y enérgica en Germinal, en Pot- en L assommoir, se hace pesado, incoloro, repite las ideas, apura las frases, forja una larguísima cantinela monótona, se obstina en prolongar indefinidamente el asunto, anega en mares de tinta la idea más elemental, parece haber olvidado por completo cuanto supo de ciencia de la vida E s una decadencia grande, evidente, lastimosa. El infortunio, la injusticia han podido más que él. Aquel hombre robustísimo, casi monstruoso, verdadero tipo de campesino francés, á quien la Bemie Illustrée sorprendió hace quince años en su casa de Medan, plantando coles, calzado con zuecos y tocado con u n gorro de lana; aquel hombrachón que rebosaba salud y dormía la siesta tumbado en el suelo; aquel hurgúesete gordo como Falstaff, se había convertido en estos últimos años en u n señor flaco, enfermizo y triste, la barba entrecana, los ojos grandes, enormes, ojos de asfixiado, el aspecto revelador de una inmensa fatiga física y moral. Siempre debió de ser n n hombre triste, pues como notó con su gran agudeza el maestro don J u a n Valera, no hay en todas las obras de Zola una página verdaderamente graciosa y alegre, pero últimamente la tristeza de Zola fué en aumento p o r muy poderosas razones. Sabía, como Schopenhauer, que el valer de u n hombre se mide por el número de enemigos que tiene; pero ¿quién sabe si en fin de cuentas hubiera preferido no tenerlos y ser un insignificante? MADAMA ZOI. A EN E L E S T U D I O D E SU M A R I D O FOTOGRAFÍAS GRIBAYEDOFF ENTIERRO DE ZOLA. EL CORTEJO F Ú N E B R E EN LAS CALLES DE P A R Í S FOT, CHUSSEAU- FLAVIENS