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E L C A D Á V E R DE E M I L I O ZOLA E N E L L E C H O MORTUORIO LA MUERTE DE ZOLA ARA muchos franceses no ha muerto el Zola de Los Rrmgon, sino el de la cuestión Dreyfus. Pensaba Zola, y esa fué la parte quijotesca de su empeño, que el patriotismo no es ceguera, no es inconsciente y brutal instinto que mueva á los hombres al crimen y los encarcele en el error sistemático: creía que lo propio de hombres honrados y de pueblos nobles era reconocer sus yerros y reparar sus desmanes. Se equivocó por completo, y la bondad intrínseca de su propósito no bastó á evitar las funestas y terribles consecuencias que tuvo el abrir paso á la luz. Dividióse Francia en dos mitades: despertáronse tempestades de odios, moviéronse avalanchas de rencores; poco faltó para que estallase la guerra civil, nada para que se declarase el divorcio entre el país y el ejército. Como nuestro andante caballero de la Mancha, Zola siguió impávido y sereno su camino, aguantando pedradas de galeotes, apaleaduras de yangüeses, puñadas y malas razones de pastores y cabrerizos. Los mismos que se habían deleitado leyendo sus obras, hicieron artificiosamente subir á sus rostros oleadas de hipocresía. Cayó la estatua de su pedestal de gloria, y la canalla se encargó de pisotearla y cubrirla de lodo, pues tal es su oficio siempre. Eeforzaron los odios del vulgo los escritorzuelos envidiosos del maestro, cuyas obras se vendían por cientos de millares, y cuyo nombre era conocido y respetado en el mundo entero. Era menester aniquilarle, anonadarle, hacerle añicos: había sido algún tiempo ídolo, y como tal ídolo tenía que sucumbir. Y entonces, no cabe negarlo, el maestro imperturbable, el que siempre había aspirado á la impersonalidad, al íntimo goce de esconderse entre las cuatro paredes formadas por sus obras, perdió la calma, y como su manera especial de arte no consistía sino en eso, en la calma, en el sosiego, en la perseverante labor de un día y otro, las últimas obras de Zola tienen todos los defectos LA C H I M E N E A CUYOS G A S E S P R O D U J E R O N LA A S F I X I A D E ZOLA