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L O S S I E T E I X F A N T E S D E CORO D E ZARAGOZA o p a r e c e probable gEssOTaasras que iquellos oficiales y jefes retirados y aquellos soldados curtidos en los combates fuesen gente m u y predispuesta á la vida espiritual ni á buscar solución al problema de la salvación de su alma. E l ciudadano de Roma, rico y feliz en T- Í B la nación más poderosa Twr del mundo, vivía en las colonias como hoy viven í r en las suj as los ciudadanos ingleses, rodeán- t M f dose de objetos roma nos, embebido en roma tl Á V V nas ideas, dominado por W r romanas sensaciones; lo q u e n o fuese romano era bárbaro, extranjero y, por tanto, despreciable. P o r otra parte, entre aquellos militares retirados de Zaragoza, alEL TEMPLO DEL PILAR gunos, quizás muchos, habían guerreado en Egipto, en Germania, en las Galias, tal vez entre los bretones de largas trenzas, acaso entre los escotos de piernas desnudas: habían presenciado ceremonias y cultos á los dioses más extraños y más desemejantes, sacrificios humanos en las selvas sombrías donde los druidas se albergaban, danzas guerreras en los campos de Mayo d e Germania, teorías ó procesiones mortuorias en el antiguo Egipto. Difícil, casi imposible, era hacer entrar en las cabezas de los encanecidos legionarios d e la IV, d e la VI y de la X, cuyos cráneos había caldeado el sol de las batallas y endurecido la pesadez del casco, ideas espirituales de una religión nueva y sencilla, que tenía en nada el poder político y menospreciaba la fuerza militar. P a r a que la iuz del Evangelio penetrase e n aquellos testarudos veteranos, habitantes en la tierra clásica d e la testarudez, era menester la palabra d e u n hombre tan enérgico y obstinado como ellos, de u n apóstol que tuviese alma guerrera y bélica resolución. Y éste fué Santiago el Mayor, el hijo del trueno, á quien nos representamos en forma de caballero andante, fiero y arrojado, acuchillando infieles E s tradición que al despedirse de la Virgen María para emprender su predicación por Occidente, le dijo la Madre de Dios: Anda, hijo mío; cumple la voluntad del Maestro; ve á la apartada España, y en la ciudad donde conviertas á mayor número de paganos, construirás u n templo e n memoria mía, donde yo t e indique. Sólo con su idea redentora y con su corazón intrépido, emprendió Santiago el largo camino; llegó á tierra de España. Por el Norte de la Península comenzó su misión; sin desalentarse u n momento fué arrojando la semilla evangélica entre la población céltica de Galicia; recorrió las montañas de Asturias los valles repuestos y de corto horizonte donde abrigaban su independencia los cántabros. Con el certero instinto del misionero que sigue el curso d e los ríos grandes, porque sabe que en sus márgenes hay cultivos, civilización, vida, inteligencias capaces, bajó por la orilla del Ebro; el alma del Apóstol se ensanchaba como el cauce del río, y al llegar al punto en que éste recibe á los dos afluentes citados, en la noche del 2 de Enero del año 40, hallándose en la orilla derecha escuchando el rumor de las corrientes aguas, contemplando la hermosura del estrellado cielo, la claridad de la luna que alumbraba la huerta y los edificios romanos de Zaragoza, vino á sacar de su ai robamiento al valeroso Apóstol desusado y dulcísimo rumor de voces angelicales y de jnmás oídos instrumentos músicos, tañidos por serafines y querubes, en medio de los cuales resplandecía de hermosura la Santísima Virgen, cuya voz sonó diciendo estas palabras: He aquí el lugar señalado y en el que quiero que se construya u n templo en memoria mía; aquí, por mi intercesión, h a r á el Señor milagros y portentosas maravillas; aquí, en esta ciudad, nunca faltarán buenos cristianos, y este pilar n o se moverá de su sitio hasta el fin del mundo. Dicho lo cual, la celestial visión desapareció, y al recobrarse d e su asombro, vio el Apóstol un pilar muy recio y sobre él una imagen, la misma que hoy se conserva. Atestiguan el hecho u n a relación manuscrita conservada en el antiguo códice de los Morales, d e San Gregorio, que existe en el archivo de la santa iglesia zaragozana, y publicado por el P Maestro Henrique Flórez en su España sagrada, tomo X X X I I I el P. F r a y Diego Murillo, en su Fundación milagrosa de la capilla angélica de la Madre de Dios; el doctor D. Manuel Vicente Aramburu, en su Historia cronológica de la Santa capilla; el doctor D. Mariano Nougués y Secall, en su Historia critica y apologética de la Virgen Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza; y otros autores no menos respetables. ÍÍ; Í H. F O T VALLACIN