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CUADROS MADEILES OS E van los toreros y vuelven los cómicos Es la época del año en que se acaban los toros y empiezan las temporadas. La calle de Sevilla comienza á tomar ese aspecto especial, único en el mundo, de bolsín del arte y embarcadero de la tauromaquia. Llega un extranjero á Madrid y queda sorprendido al ver toda una acera de calle céntrica llena de grupos. Lo menos que cree es que hay huelga ó principios de urotín. ¿Qué significa toda aquella gente parada al sol sin hacer nada? Es la vuelta de los llamados y la despedi da de los ex- cogidos. Los llamados son los cómicos, que no hacen más que contar sus triunfos y las llamadas á escena que lograron en los teatros de Ubeda, Quero, Calatorao, San Ohidrián y Villamiel. ¡Aquello fué el delirio! Lo malo es que todos ellos vuelven sin una peseta y andan á caza de una contrata, porque todos están á disposición de las Empresas; pero el arte ha salido victorioso, y como dice uno de los del corro: ¡Hay muchos acto res todavía; lo que pasa es que Madrid lo tienen acaparao cuatro intrigantes y no hay medio de meter la cabeza! Lo que hace cualquiera de esos niños góticos que tienen á Madrid en el bolsillo, lo hago yo dormido, dice otro; y á ropa me las apuesto con Mendoza. Pues más te valía afeitarte los pantalones, exclama un colega, porque tienen barbas de un mes. Los toreros hablan de su vida del iavierno, y de lo que han ganado en dinero contante y sonante. Estos no j LOS C O! T E B T U L O S D E L A S C U A T K O C A L L E S solamente hablan de lo suyo, sino que lucen la persona enseñando lo que no debieran, y molestan á las señoras que pasan. El que menos de ellos se lleva á su pueblo veinte orejas. En la feria de Casariche le brindé un toro á la alcaldesa, y me regaló un brillante como una manzana. ¿Y aónde está? Empeñao en no salir á la calle. Miste qué mujer viene pa acá. ¡Ole por las barbianas de color de caoba que van pisando con arranque! Y el caballero gordo que va con la señora dice que en Madrid- no hay autoridades; que eso de acometer á las señoras es una cosa terrible. La presencia de cómicos y toreros coincide con el fin del verano; son como el albulo, que se presenta en Madrid para pasar un mes, y no se le vuelve á ver hasta el año próximo; pero cómicos y toreros son en esta época una nota esencialmente madrileña, y recuerdan la última estadística, según la cual hay en España tres mil y pico de artistas dramáticos. ¡Tres mil y algunos cientos de cómicos que han de pasar el invierno en alguna parte! Son muchos; y por eso cuando llega Octubre y empiezan á salir las capas y veo á una docena de estos honrados intérpretes de tantas obras apoyados todavía en la pared del café Inglés, recuerdo lo dura que es la vida para todo el que no pasa de medianía en el mundo del arte, los esfuerzos inútiles hechos por el modesto actor, que acaso está tomando el sol por no ver lo que pasa en su casa, donde piden pan la antigua dama, hoy característica vacante, y cinco ó seis futuros Vicos Después de todo, no había para qué dedicarse á cómico si no había suficiente talento para ello, porque en el teatro no basta un poco de inteligencia artística; hace falta mucha, ¡pero mucha! ¡Y por eso hay tantos corros de actores mal comprendidos en la vía más céntrica de Madrid en estos meses del año! FOT. MUKOZ DE BAENA ETJSBBIO BLASCO