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OiWi JIOXOLOÍil) DIC t X A XrSERA lUiÁ! ¡Xo liiiy seros tan (lesdicliíidos ronio nosotras! Todo ol mundo se crotí con ilci echo á mandarnos ¡Claro, somos unas cluíiuillas! Pero, eso sí, servimos para echar mano á todo lo ¡ue se ofrece. ¿Por ¡ué venimos del pueblo? Pon ue allí somos un estorbo para casa de los padi- es. ¿Y á qaó venimos? A ser el reverso de la medalla de las nodi- izas. Porque ¡diferencia va! ¿Nosotras tenemos dos duros de salario? l ues ellas tienen tiple. ¿A nosotras nos visten de pei cal? A ellas de peluclie y con entruchaos de oro, como los generales. ¡Pobrecitas chachas! ¡Y sin poi mitirnos tenei una salida jamás, cuando no hay mortal que no tenjía sus salidas Ijuenas i) malas! En fin, siempre con el chico á cuestas, somos las verdaderas inártiras del servicio, ¿t ue llora el angelito or ue le duele algo (lue no se ve, vamos, cual uier cpiisicosa de esas (pie llevamos dentro las i ersonas y los animales? Pues, ya se sabe: una es (juien carga (ton la (ailj) a de (pie el nene llore; jioi- (pie hay (pie presumii- ue, poi descuidos (lo una, se ha pegado un coscornni contra alguna puerta desnaturalizada contra algún boliche de mal corazíni. ¿Que al niño, cuando está haciendo las delicias de una visita, se le antojan las narices de la señora visitante, la cual no (piiere dárselas, como es natural, y el angelito toma una rabieta? Pues á la niñera con el rori o. ¡Sí, á mí, para pie me encargue do acallai- su escandaloso llanto como si la cosa fuera tan fácil! Clai- o es (pie las nodrizas tandiién tienen obligaci n de acallar en sus llantos al nene (pie cidan; pero el cuento lacteado pie ellas le cuentan paratajiarle la boca, no está al alcance de nuestra imaginaci n, jior mucha (pie tengamos. Y una vez en plena rabieta, ya nos tieiien ustedes entre la es iada del niño y la pared de sus padres. ¡Vamos, Agapitit decía yo esta marlana al nene de mi vida; 0 o llores más, (pie va á venir el tío de las b a r b a s y te va á llevar á una cueva muy obscura, toda forrada de betún y llena de negros. jAmenaza inútil I K chico lloraba cada vez más y se revolcaba en el piso, poniéndose la repita en disposici n de que yo se la nuidáse- por décima voz ¡y eran las once! ¡Mira, brilMMi- -añadía yo -que si no lo callas, viene el casero! (Nada. -Mira (pie te leo unos versos Le atemorizaba, en fin, con las cosas más terribles Pero todo fué en vano. ¡Por Dios, Agapitito mío! -le dije cambiando de tono. -Mira, si dejas de llorar, te contaré el cuento de L (i Imija en escabeehe. ¿Pues saben ustedes lo ¡pie hizo el pobrecito en vez de callarse? Tirarme á la cabeza ol frasco (le la fosfatina y seguir ejercitando el derecho del pataleo y demostrando (pie tenía voz v botas, v ¡pie éstas eran de doble suela. Total: veintiséis cardenales repartidos por todo mi cuerpo, que les daría á ustedes lástima vérmelos ¡Pues, anda, que si mi padre me los viera! Con el geniazo que tiene, capaz sería de hacer tajadas al chiquillo y comérsele con arroz ¡Pobrecitas chachas! Realmente somos unas esclavas de los lumés. 1. a que menos es una esclavina. Yo no sé cómo acertar con el mío. ¿Le tengo en brazos? Me muele los huesos. ¿Lo dejo en el suelo? Me pellizca las pantorrillas ó la emprende con el gato, (jue acaba por afilarse las uñLis en mi. ¡Y descuídese usted! Ayer sin ir mas lejos, en un momento de distracci n, cogié) el chico la peluca do su abuela y la zambulló en el cubo de la cocina, ¿ué había de suceder? Que si grande es la peluca de la buena señora, mayor fué la (pie me gané yo. ¡Pobres niñeras! Verdad es (pie alguna vez nos llevan al teatro. ¿Pero para qué, si en lo más interesante de la fnnci n suele ocurrírseles á las criaturas salir á cuaLpiier cosa? ÍN O SO me olvida la última tarde (pie fuimos al Español! listaban haciendo Lo qnc no puede dedrse. l ues bien: lo (jue no puede decirse es lo (pie se le ocurrió hacer al hijo de las entrañas de la señorita cuando el drama me inspiraba mayor interés. ¡Vamos, hubiera estrellado al angelito contra la inierta, contra el acomodador, contra cua quier cosa dura! Kn fin, que en todo y por todo somos desgraciadísimas. Y yo ni me puedo (piejar siquiera; portpie cuando le digo á mi señora (pie este oficio tiene muchas espina. s, me responde que más espinas tenía el de mi abuelo, (juo era j) escadoro, y se aguantaba Tiene raz (jn la señora; pero ¿qué le parece á usted la salidita? ¡Oh, yo no tendré salidas; pero lo ¡pie es ellal Y todas las seiras son iguales. Lo dicho: ¡Jnfelices de nosotras! ¡Pobrecitas niñeras! l ov la c luAx PEKLZ ZÜXIGA