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CUADROS MADRILEÑOS EL GRAN JARDÍN DE MADRID L gran jardín do Madrid es la Moncloa, y los madrileños lo desdeñan. Prefieren el Retiro, la Casa de Campo ó el melonar de la calle de Alcalá. Somos así; no nos gusta lo bueno que tenemos en casa, ni nos ocupamos de ello. H a y hombre ó familia que lleva en Madrid treinta años y n o h a visto la Armería Beal ó el Museo de Reproducciones. La Moncloa es el gran respiradero de la capital. Gracias á ella, h a alargado su vida el presidente del Consejo, que h a de vivir m á s que yo. (Ya recordarán ustedes que la adivinadora aquélla me aseguró ochenMERIENDA AL AIRE LIBRE ta y cuatro años. Antes dejará don Práxedes á RampoUa con la pluma en la mano que dejar de ir á la Moncloa por la tarde, y hace muy bien, porque allí está el oxígeno y la vida. Pero los madrileños, sobre todo ellas, necesitan ir á la Castellana á verse unas á otras y á volver la cara cuando pasa una conciudadana bien vestida para mirarla de arriba abajo. La Moncloa es tan grande, que no se ve en diez días. No hay que creer que dicho paseo consiste en seguir una línea de árboles desde la Cárcel Modelo ó desde la Bombilla, y andar, andar y andar todo derecho. La Moncloa tiene mil sitios más ó menos ocultos, todos deliciosos para pasear, para merendar y para decirle ternezas á la novia, operación que recomiendo á la j u v e n t u d militante. Conozco una familia que se h a pasado el verano en aquellos deliciosos rincones, al pie de los árboles frondosos, gastándose en meriendas lo que otros años destinaban á la temporada de San Sebastián ó de Santander. Desde que u n amigo les escribió al empezar el mes de Julio que allí se comía oro resolvieron comer aquí jamón en dulce, tortillas con patatas y algún pollo que otro, sin abusar por supuesto. Y en la Moncloa, sobre la verde yerba, atrácate pavo. Cada vez que pasaba el Ministro de Gracia y Justicia ó el jefe del Gobierno, les brindaban una pata de pollo, porque el niño mayor es aspirante de cuarta clase á oficial de quinta, y nunca está de más ser obsequioso con los que manejan el ascensor. Ello es que han pasado u n verano sin pulgas, cosa que no pueden decir los que han estado en la capital de Guipúzcoa, donde las gentes se saludan rascándose, como quien toca la guitarra. No hace falta ir á la Granja teniendo la Moncloa en Madrid, porque en ésta hay una Granja- Modelo (chistes á dos reales el ciento, no se admiten sellos) y una escuela de Agricultura, donde pienso ir de oyente á ver si me enseñan á segar, por si van mal dadas el verano que viene. H a y muchas cosas que deben conocerse y aprovechar el paseo para visitarlas, como los Asilos de Santa Cristina, que están á la entrada, ó el Palacio, que está al final. Se puede pasar todo u n día allí porque hay fresco y frondosidad y son las dos únicas cosas que en Madrid no cuestan dinero. También hay sus puestos de melones, exclusivamente para soldados; digo, hay que pensarlo así, porque nunca se ven alrededor de la pila de sandías, que parece un montón de granadas de á ocho, m á s que soldados sorbiendo y lavándose la fisonomía. Son melones castrenses, y acaso los produzca la mism a finca; en la Moncloa se cría de todo, incluso los niños de los senadores vitalicios que consiguen alquilar u n a casita, porque también se alquilan casitas, y algún novelista célebre h a escrito allí uno de sus mejores libros. E n resumen, la Moncloa será un descubrimiento p a r a los que no tengan EN LA M O N C L O A CAMINO D E L E S T A N Q U E D E L A S B A R A N D I L L A S costumbre de ir por allá y quieran seguir mi consejo. Vayan en alegre bandada los enamorados y los novios, recorran toda la extensión del grande inmenso jardín, y me darán las gracias. Y si no me las dan tampoco me ofenderé, porque no hay p a r a qué tomarse malos ratos y hacerse inala sangre. Los tranvías que conducen á la Moncloa no son colorados. ¡Esto también hay que tenerlo en cuenta! F O T S MUÑOZ D E B A E N A EusEBio BLASCO