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La siguieron al instante en que la vieron para apoderarse de ella, y, sin respeto á la bella, mano en su talle pusieron. La tapada, inalterable y callada, siguió caminando un rato, sin cuidarse del mal trato de la gente desmandada. Mas después dijo en correcto francés: -Venid, amigos, os ruego, á donde con más sosiego podáis hallaros los tres. -Y al instante su pisada resonante fueron abreviando más, los tres franceses detrás y la española delante. Se paró la dama en sitio en que abrió cierto postiguillo añoso que, con chirriar quejumbroso, acceso á los cuatro dio. Los soldados, tras la d a m a esperanzados, treparon por la escalera, confiando un riesgo cualquiera á sus sables afilados. Un salón -ioron y otra habitación en aquel hogar desierto, y, al fin, hallaron un muerto tendido bajo un crespón. La mujer su hermosura dejó ver, exclamando con reposo: -Aquí os presento á, mi esposo, á quien matasteis ayer. I; 0 que pasa, como dueño de la casa no se le debe ocultar, y ante él debéis declarar el ciego amor que os abrasa. -Los soldados, suspensos y horrorizados se vieron; pero la dama de la luz mató la llama y allí les dejó encerrados. Yo no sé qué ocurrió; sólo diré que tras m u d a y breve guerra los tres quedaron en tierra, y el fingido muerto, en pie. III De esta suerte, y otras mil en que se advierte mucha astucia y gran denuedo sembró el pueblo de Toledo aquella noche la muerte. Ya de día, el francés, que en odio ardía, la represalia buscó, y en el pvieblo se cebó con brutal carnicería. Inhumanos también pusieron sus manos, sin mirar santos deberes, en infelices mujeres y en indefensos ancianos. San Román hoy encierra en un desván los restos momificados de aquellos desventurados que pidiendo tierra están. Todavía en su carne momia y fría á descubrirse se alcanza el furor de la venganza, y el gesto de la agonía. EAFAEI. TORRÓME Mis amigos Julio Burell, Martínez Ruiz, Baroja y yo, que inspeccionamos las momias, dedujimos de sus violentas aoiitudes su trágica muerte, y, de los restos informes de sus ropas, que pertenecen á principio del siglo XIX. Ul ¡il A T ¡t I M ÍJ C