Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
E s u n fueipo yacente, no e 5 e icultuia es la (a m e del h o m b i e j e r t a j sm ida, las a l t a n a s hinchadas, la piel ohscuia, y la e n t i a ñ a asomando por la ancha herida. Miedo me da esa imagen cuando la miro; allí está del Calvario toda la historia. ¡Por la boca entreabierta sale un suspiro! ¡Los ojos entornados despiden gloria! Déjame, Cristo hermoso, que al admirarte te pida entre suspiros que me perdones. ¡El humilde coplero viene á rezarte, y á rogar que te olvides de sus canciones! Cuando el jornal me pagan, siento con pena que m e abrasa la mano lo que recibo; y aunque me dan los necios la enhorabuena, yo me avergüenzo siempre de lo que escribo. E n aquel cuerpo frío, triste y yacente, el realismo crudo salta á la vista. ¡La cabeza del mártir, dice la gente, que la hicieron á un tiempo Dios y el artista! Yo no sé lo que tiene la imagen santa, que absorbe el pensamiento constante y; fijo, y el que allí se arrodilla no se levanta sin decir sollozando: ¡Creo en Dios Hijol Si me ves que en el Arte doy u n mal paso; si ofendo tu memoria por un momento, Cristo mío yacente, no me hagas caso, que esos versos que escribo yo no los siento. E n tu sagrada imagen los ojos fijos, á tus pies la rodilla doblo llorando; ¡que no les falte nunca pan á mis hijos! ¡Esa es toda la gloria que voy buscando! Los inspira la lucha por la existencia, y amontono cuartillas desesperado; pero, allá en lo más hondo de la conciencia, siento el enorme peso de mi pecado. Feliz si logro un día morir en calma dejando á mis hijuelos un pobre nido. ¡Cristo mío yacente! ¡Padre del alma, concédeme piadoso lo que te pido! JOSÉ J A C K S O N VBYAN