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-J DE REGRESO l LJL HlSiJL CUSSI 2 4 iLO es bonita, muy romántica y liorriblemente cursi; canta el vals de las olas y come con tenedor los l (fideos. Sufre mucho, porque como este Madrid es tan grande y hay aquí tantas mujeres... n o puede brillar cuanto ella quisiera; iiadie la admira, nadie la envidia. Por eso Filo, cuando advierte que las paredes de su quinto piso, colgado como u n a pajarera en el barrio de Chamberí, se abrasan á los rayos del sol canicular, se cuelga del cuello de papaíto, y con insistente zalamería le suplica que se la lleve de Madrid No es para oxigenar los pulmones y dar vigor á los músculos enervados, sino para lucir los encantos de su cuerpo bonito y los brillantes colorines de sus vestidos de percal. El papá cede y se van los dos á la Sierra, á Puertovillanos, el lugarón m á s sucio de Guadarrama. Una vez allí, la niña saca del fondo del cofre la blusa azul con lazos amarillos y la falda rameada de verde, se pone el enorme sombrero d e paja, donde anida un pajarraco de los trópicos con las alas extendidas y el pico abierto, se calza las manos con unos guantes de color crema, y apoyada en el brazo de papá se sitúa en medio de la era para que todos la contemplen y rabien de envidia las mozas de Puertovillanos. ¡Con qué gusto, si el respeto no lo vedase, las embobadas campesinas dejarían caer sus manazas mugrientas sobre aquellos adornos de reina que parecen construidos por los mismos ángelesl Todas rodean á Filo, admirándola á respetuosa distancia como á la Santísima Virgen que se venera en la ermita del pueblo Y la madrileña se siente feliz t a n feliz, que sonríe bondadosamente, con majestad de reina, á los infelices indígenas. Durante las horas de siesta, cuando permanece recogida en la silenciosa casita de campo, se hace la ilusión de que es soberana del pueblo, y con los ojos entornados contempla la heredad, extendida como un manto de topacios en muchas fanegas de tierra, f l sol ardiente de Castilla besa con enervadora lujuria campos y aldeas, y los siervos, adormecidos por el canto perezoso de la chicharra, buscan en la sombra de los majanos descanso y frescura. Algunas veces, á la caída de la tarde, se organizan meriendas en honor de Filo, y ella, durante la excursión por el campo, deja embobada con su charla confidencial y einbustera á la sobrina del cura hablándóla de Madrid, de S g Tien iío Madrid. M- ¡Qué hermoso debe ser! -exclama la otra maravillada de tanta grandeza. -Sí- -contéstala cursi revolviendo en sus órbitas los ojos monísimos. ¡Ay Madrid de m i alma! ¿Habrá mucho lujo, verdad? -Mtichismo Toda la aristocracia, y además ol Gobierno y muchos coches Y Filo sonríe compadeciendo á la pobre palurda que no ha estado en Madrid. Después la habla de marqueses y duques y capitanes de artillería ¡porque ella conoce á muchos!