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indica la separación de la cabeza rudimentaria. Con la boca válida se come golosamente una rosquilla. Y una muchacha rubia, linda, de candida faz, de pañuelo de flecos de crespón blanco anudado al talle (el figurín actual de las elegantes de aldea) mira al monst r u o sin pestañear y dice alto: ¡Qué cosas hace Dios. La muchedumbre, que por la mañana se agolpaba al paso de la procesión, y todavía ahora, cuando el sol ya va descendiendo, se arrodilla en. la angosta nave de la iglesia, aún cree que Dios hace otras cosas extraordinarias, por intercesión de la Santa bendita, bajo cuyas andas, á la hora de la procesión, pugna por meterse, buscando la salud. Uno de los milagros más probados- es el alivio de los males de los oídos, mediante la introducción, en el canal auditivo, de las barbas de im lejos, en primer término el pinar- -retirémonos; el anochecer es la hora de las expansiones temibles No de las que tú pz- esumes, malicioso lector, y que, 10 reconozco, parecen indicadas por lo idílico del lugar y la tolerancia de la hora Estoy por decir (nadie se haga cruces) que valdría más si fuese como tú imaginas. Las expansiones de estas romerías no están preferentemente bajo el influjo de la traviesa Afrodita, ni aun del t r u h á n de Mercurio: aqut domina Marte. Ya quisieran los portugueses, para j sus campales bata 1 as, la cifra de muertos y heridos y de combatientes 1 fuera de combate que en una sola romería de éstas registramos. Las armas ya no son el clásico garrote, la moca de clavos, cuyo porrazo seguía al céltico ijujú. Navajas, revólveres, pistolas, juegan á maravilla en los encuentros, cuya señal es un viva! á determinada M- JS. Í: -ft íx. -jai hisopo mojad i de la lámpai eficaz, lo sej. i i i curación de j- a bles, por un sistema peculiar de esta romería. H a y que subir al enfermo al monte, aunque sea á puñados, y hay que depositar sobre la mesa de granito del crucero una libra de pan en una sola pieza, un cuchillo, medio cuartillo de aguardiente y una vela encendida. Al punto el enfermo y dos acompañantes, sin desplegar los labios, dan nueve veces la vuelta á la ermita, besando la puerta cada vez. Y retornando adonde dejaron las provisiones, cortan el pan, ofrecen al enfermo el primer pedazo, se comen el resto, se atizan el aguardiente Rompen entonces el silencio: el enfermo está sano ó debe estarlo, ó Santa Marta no cumple. Y ahora que sabemos todo esto, y el encendido arrebol del ocaso realza el incomparable panorama que desde lo alto del monte se divisa, la ría allá á lo XéM I I l.i Ki i i i -I I v l; iM. 1 i i i- h Y como si ambas feligresías no pudiesen vivir reunidas en el m u n d o donde sin duda no caben, -los mozos se embisten con salvaje furia sin odio, sin plan, sin reparo, -á ver quién casca más cabezas ó pincha más barrigas La reciente acción- -porque aquello pasó de escaramuza y de castaño obscuro, -del Espíritu Santo, es causa de que en Santa Marta respiremos tranquilos. Está allí la Guardia civil, numerosa, preparada, terciados sus Maüsser, garantía del orden. Con todo, un guapo de aldea, ya alumbrado, desceñida la roja faja, desabrochado el ohaleque- -un guapo que aún viste como hace veinte años se vestía, -refunfuña, mirando de través á los guardias: -jEeleñal ¡L o s ceviles son hombres como los demás E M I L I A PARDO BAZÁN FOTOGR. FIA QUIROGA V DIBUJOS DE MÉNDEZ BRÍXGA