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III- -Pues usted dirá á quicu tengo el gusto de saludar. (Este buen viejo suelta la guita. Soy el jefe de los camareros del Tonet- Olub, ¿me entiende usted? y p o r mi cargo, y por llevar muchos años en la casa ¡vamos! que tengo ocasión de hacer algunos favores á los socios que me honran con su confianza ¿Me entiende usted? -Le suplico que concrete El tiempo vuela. -Voy al grano. Pues es el caso, que entre mis clientes que más me favorecen ¿rae entiende usted? se encuentra el Sr. del Álamo, su nieto de usted; lo cual que no creí yo que persona tan principal se portara así. Y la cosa es, vea usted, que me ha firmado un pagaré de mil quinientas pesetas, ya vencido, que no hay medio de que salde. Y como yo soy pobre, señor, ¿me entiende usted? no voy á tener otro remedio que irme al juez de guardia. Pero el señor del Álamo es u n menor. ¿Qué está usted diciendo? ¿Le cree usted un estafador? -No le creo nada, pero en su recibito se declara mayor de edad y no lo es. Una calaverada que quizás carece de importancia. Todo el mundo sabe (lue es una persona decente; y harto de aguantar y de aguardar, y ausente en el extranjero su señor padre y su señora madre, sin que vuelvan por ahora, me he informado de que usted delira por su nieto, y me he dicho: pues voy á acudir á su abuelo antes de presentar la demanda. Sólo que ya no puedo esperar sino hasta la noche. ¿Me entiende usted? Necesito hacer un pago, y si á la noche no se ha finiquitado eso me veré precisado- ¡No, no! ¡No haga usted eso! Pero el plazo es angustiosísimo ¡Mañana! -Me es imposible, señor. Ya lo ha oído uste l. -Está bien. ¡Tendrá usted el dinero! IV- ¡Qué día, Dios santo, qué día! Con nmchos como éste, me entierran. ¡Tales trotes no son para los setenta años! Con tanto tranvía y tanto simón, tengo la cabeza hecha una grillera. El agente, que no se halla en su casa. A esperarle. Hoy mismo, sin falta, necesito vender mis T -Cubas, mis pobres Cubitas, f conquistadas en fuerza de ahorros y privaciones. Pero no hay bastante. Tres mil trescientos diez reales al tipo actual de cotización. ¿Y el resto? ¡Qué apuro tan tremendo! Yo no acudo al cajero de casa. ¡Quiero ser yo el que le salve! ¡Ah! ¡El ordenador, mi antiguo jefe en Hacienda, (jue lumca h a dejado de tenderme su mano en los grandes trances le mi vida! Otro coche. A su domicilio. Va al café por las tardes. Al café. Hoy no ha venido. ¡Y el tiempo volando! Las siete de la noche. Vuelta á su habitación. Me recibe, sin dejarme concluir, tira de gaveta, y ¡hí aquí el dinero, nieto de mi alma! Me olvidé de que estoy en la calle. Se h a n detenido los transeúntes. Tomaré el último tranvía. Con tal de que no llegue tarde El corazón se me para de pensarlo. si r -No te importa cómo. El hecho es que ahí tienes el dinero para rescatar tu pagaré. ¿Es posible? ¿Usted? ¿Usted, á quien con tanto despego hemos tratado siempre en esta casa? ¡Ah, sí! Debo de confesarlo. ¡Yo he sido para usted u n desagradecido, un resellado, u n infame, y usted me paga mi desafección salvándome el honor y la vida, olvidando las injurias! ¿Pero tú conoces algún abuelo que no olvide? ¡Pues para eso es abuelo! ALFOSSO P E E E Z DIBUJOS DE 4I. BERTI NIEVA