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Vkty 47 í ÍS j í ec -n z 4? J 5 NOVELAS RELÁMPAGOS E Xv- ñ í 3 XX E T KTA usted chocheaiKlo, abuelo. Ya- vaya en uuun a ki de (ue no se le (piieve á usted. Manía? Por (less, n- acia, Iiorrible realidad. Hechos cantan. Sabías (jue yo estaba en cama con fie l) re, y sin enibuTíjo un solo día lias subi lo á venne, de cinuplido, diez niinut is. No tiene nada de particular. Ks la atmósfera en (pie te has criado. Soy un viejo achacoso; mi carácter, sieni i- e i aro según dicen sf ha agria lo con la e lad; me conviene la vida tranquila, y con ese pretexto, mi hija ingrata y desnaturalizada da la satisfacción al nunxlo de no haber abanikniado á su padre, unupie lo deja en el nniyor abandono v arrinconado en el piso segundo del hotel, en com añía de los criados. ICn el salón del banquero político no cabe esa ridícnla- figura del adre de su nuijer, con su levitón esparterista. Pero quedabas tú, el símbolo de mis esperanzas, la compensuídón natural, mi nieto, y tú, heredando el corazón de hielo, tampoco me haces caso. -lis usted nniy llorón, uhuelo. Vaya, me alegro que esté usted, restablecido del todo, ¿ue usted lo pase bien! ¿Tanta pi isa tienes? -iMucha! Estoy citado con unos amigos á las doce, y son las doce menos cuarto, C onciue- -Ve con Dios. Sicpnera habrá (pie agradecerte (pie iiayas subido al -uarto de este po bre viejo á (pilen todos rechazan. ¿Vuelta á empezar? Luego dice usted (pie le acusan injustamente de chifladura. lberto! Kres un niño aún y no tomo cuenta de tus palabras. n Las once de la mañana y durmiendo todavía! ¡Se habrá acostado después de amanecer! lis la vida moderna la (pie se lleva en esta casa. Así anda- ella! MI único amigo ipie tiene el so! en el hotel soy yo, (pie le abro de ¡lar en par las hojas de mi ventana apenas sale. Y á mí no me digan (pie es (pie soy viejo y ñie falta calor. Todo el (pie no reciba esa alegría- del alba ue llueve del cielo, no sabe lo que es gozar. ¡Hola! Ya abre. Pues hoy se levanta más pronto. ¿Qué? ¿Qué es eso? ¡Se sienta con desaliento, apóyala cabeza en las manos! lgo le sucede, y algo grave. ¡Yo correría á preguntárselo, ero jiara re (dbir vm buft lo! ¡Qué triste es lo (jue me siutede! Tener un nieto (pie debería ser mi báculo, y verme iirecisado á contentarme con iiererle de lejos, con atisl) arle desde mi cuarto uando está en el suyo. Abajo me corresponde un hueco en el hogar, y en verdad no me lo niegan, pero me lo rodean de nieve. Siípiiera desde a (pií, siendo testigo de todos los momentos íntimos de mi nieto, no oigo sus seipietlades ni las de sus a. (íres. ¡Chiro! Estoy chiflado. a. dres. C Ii centinela luce reír á la servidumbre. Vh! Mi dignidad me empuja fuera de esta- casa, pei- o ese chico me clava en ella. l) e -ididainente, lo (pie le sucede es de trascendencia. ¡Cónio! (iué va á hacer con ese reví ilver? ¿Para qué exainina si está cargado? Lo vuelve á guardar en el cajón. Uiora escribe, ¡y C (ni qué agitación! i ¡ne fuera á suicidarse, lesús! ¿Por (pié se me ha ocurrido tan negra idea? Sin embargo, las apariencias Necesito enterarme á toda costa de si le acontece algo. ¡Me he puesto trémulo de la inqiresión!