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CUADROS MADRILEÑOS DIVERSIONES DE VERANO o s cronistas de aguas nos dan cuenta á diario de la llegada de las señoras de Tal y de los duques de Cuál, y de la velada del Casino, y el cotillón y la fiesta que dura hasta las dos de la madrugada. Y el pueblo madrileño, que tiene sus balnearios y sus playas sin necesidad de moverse de la capital, convierte en salón las praderas de junto al río, los Cuatro Caminos, la Virgen LA DULCE M E R E N D O L A del Puerto, las Ventas, los Viveros de Lázaro ¡hay mucha tela en Madrid para solaz de familias alegres! Porque, eso sí, y como decía mi paisano el aragonés: ¡Dineros no tendremos, pero á rinos no nos gana nadie! Se dice que el pueblo vive en la inacción pero pueblo más movido que éste de Madrid, no le hay en el mundo. Gomo no baile el agarrao una vez por semana, se pone malo. Y así es que en cuanto llega el domingo, se echa por esos polvorientos caminos haga sol ó esté nublado, y á reír y á pasar la tarde. El madrileño tiene cierta predilección por las Ventas y los Cuatro Caminos. Si se estudian despacio uno y otro lugar, se verá que n o tienen n a d a de frondosos, y que suelen ser paso de todos los muertos que llevan á los cementerios. ¿Por qué son, sin embargo, alrededores preferidos? No se sabe. Ello es que los ventorros de por allí están m á s concurridos que Cestona y la Puda. Tal vez sea que el morapio que allí se vende tenga más lEama, porque en esto de los vinos de extramuros hay gran competencia y una rivalidad tradicional. Pero lo que lleva m á s gente á todos los merenderos, tabernas y restaurants, es el ansia de respirar oxígeno. H a y gente que no sabe lo que es y va á respirarlo. U n sastre de la calle de la E u d a llegó una tarde á las Ventas, y entrando en una taberna dijo: Déme usted u n chato y una chica de osigeno por lo que sea. Los madrileños van al campo á beber y á bailar, porque si no, no hay caso. Las familias pacíficas se sientan tranquilamente á una mesa y comen salchichón de burro, lengua á la escarlatina y jamón con gusanillo; todo ello muy bueno para el pecho. De tiempo en tiempo pasa el barquillero, y los niños le dan vueltas al palitroque y ganan una trompeta enorme de suplicaciones que les hacen gachas en el estómago; pero el oxígeno lo cura todo. La merienda al aire libre es una de las grandes expansiones madrileñas, y hay que ver lo que es u n a reunión de cuarenta personas que llevan al hombro, desde la capital á las afueras, u n cargamento de tortillas, chuletas, ternera y ensalada. H a y siempre u n tonto que hace el gasto, y dos novios que riñen, y una novia que llora, y u n a madre que se enfada, y unos niños que lo pisan todo y meten los pies en la cazuela del arroz, cosa que á los papas les hace mucha gracia y llam a n al niño lucero suyo. A estas meriendas se pega siempre el cesante del sotabanco, que anda todo el año á caza de comida caliente y cuenta lo que comía cuando era administrador de Correos en Utrera. Las niñas del sastre, que le tienen tirria, le llaman el pegote y como se descuide le quitan de su lado la botella del molíate, que h a venido en un frasco cuadrado de esos que sirven í n las boticas para guardar la solitaria. Y así que las cuatro docenas de parientes y vecinos han comido y bebido, ¡venga manubrio y á agarrarse todos! E L C O R R O GRANDEÍí E N L A S V E N T A S H a s t a que anochece bailar y callar, porque es cosa sabida que bailando el agarrao no se habla, y el ancho, corro de parejas rozando ios pies- en el suelo y levantando u n polvo excelente p a r a las anginas, parece la escuela de sordo- mudos. Parece que el apretar y el callar sea todo uno. ¡Admirable pueblo de Madrid, siempre gruñendo y siempre pagando, tolerante basta la mansedumbre con todos los Gobiernos, y feliz con unas horas de expansión el domingo, hasta rendirse. de cansancio! Vuelven todos al horrible calor de sus alcobas, cargados de cajuelas vacías y de botellas viudas, con los niños al hombro y cantando á coro ¿Qué m á s se le puede pedir á una población gobernada como se quiere y sin m á s exigencias que una chica de oxigeno, como pedía el sastre? FOTOGS. MUÑOZ D E BAEKA EusEBio BLASCO