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CUADROS MADRILEÑOS AY en Madrid, para pasar la mitad del año en el campo y en el aire, un recurso que bien pudiera generalizarse si los propietarios de casas ó los arquitectos pensaran en nosotros. Las azoteas, que en Madrid son contadas, resuelven u n gran problema, que es el de respirar aire puro y tener u n jardín en casa. El dichoso mortal que logra alquilar u n piso cuarto con azotea, consigue dos cosas muy importantes: pagar poco alquiler, porqxie generalmente los pisos altos son baratos, y economizarse los gastos del veraneo, si está en buena salud, porque si está malo tendrá que hacer por fuerza lo que yo, que contra toda mi voluntad he salido y ando rodando buscando la salud perdida. Pues si hubiera tenido una azotea como la tienen parientes y amigos míos, no m e hubiera movido de mi adorado Madrid, ni tendría que andar de la Ceca á la Meca, que son dos ciudades m u y distantes. El día en que todas las casas de Madrid tengan azotea, habrá mejor salud y mejor humor, porque eso de vivir entre las cuatro paredes de un piso tercero ó cuarto ó quinto todo el año, agria el carácter; y si es interior, no digamos nada. Las alcobas, los garbanzos KNTRl P Á J A R O S V l L O R l i S y las vistas al Norte acaban poco á poco con la gente. H a y en Madrid algunas azoteas que son verdaderos jardines. La del doctor Pardo Regidor en la calle de la í una, algunas de las calles de Lope de Vega, las Huertas y Atocha, la del popular Moya, alma AelGedcón, son bien conocidas. Javier de Burgos tuvo una en la calle de la Estrella que era un encanto. E n la calle de Lope de Vega hay ün vecino que tiene hasta naranjos en su jardín aéreo. Ño se sabe lo que es abrir un balcón y encontrarse lo mismo que en un globo. Hasta el eco de los pianos de manubrio llega amortiguado, ventaja inmensa en los tiempos que corremos. Y luego, eso de poder tener en el propio domicilio los pájaros y las flores, no tiene precio. Conozco una familia que ha conseguido criar melones junto al alero del tejado. Tiene varios jilgueros, canarios y verderones, y un loro que dice: ¡Qué fresco tan rrriicp! IJna preciosidad. ¿Y eso de no ver á la gente que pasa por la calle y oiría como quien va con Santos Dumont isn un globo libre? e vez en cuando suena una voz lastimera que dice: ¡La cañárnonera calentitos! ó bien: Í 7 Enano, con la cogida del Oséense chico e s. iben las i oi- is por referencia. Y si la azotea cae cerca de i campanario, entonces tiene usted entretenimiento. todo el día y parte de la noche. Por la mañana, el Ángelus; á las doce, campana; á las dos, vísperas; á las seis, oraciones; á las siete. Ángelus; á las ocho; maitines; á las diez, las Animas Ivo está usted solo nunca. Fuera de broma, la azotea, en la que las mujeres se entretienen en regar sus macetas, hablar con el mirlo, peinarse si hace falta (que nunca está de más) y tender la ropa, es u n a nota madrileña de la que nadie se ocupa, y sin embargo, es muy interesante. Los fotógrafos dedican. las a t a r a s de sus domicilios á talleres de fotografía, sin comprender que si dejaran u n espacio para azotea, los clientes podrían retratarse de una manera... campestre. TJna señorita junto á un tiesto, de enredaderas; mi caballero sentado á u n velador tomando CKRIL DHL CIELO chocolate debajo de una pai ra hay que buscar novedad á los clicliés, y que no veamos siempre al parroquiano vestido de toga ó de uniforme de jefe superior de Administración con placas. El día en que yo logre encontrar casa con azotea, á ella me iré á acabar mis días. Me gustará poner en las tarjetas: Calle de Tal, humero tantos, azotea. Ciertos detalles son muy importantes en la vida. Un músico amigo mío gana todo lo que quiere dando lecciones de piano desde que se le ocurrió poner en sus tarjetas; Andrés Pellar, profesor de piano de cola. FOT. MUÑOZ DE BAENA ETJS. EI! T BLASCO