Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
CUADROS MADKILEÑOS FUENTES Y BOTIJOS A fuente madrileña es el, gran recurso del pueblo, porque á su vera, como dicen los andaluces, se toma el fresco, se llena el botijo, se habla con la novia y se pasa el rato. lín cada plazuela donde hay fuente se reúne lo más escogido de la vecindad popular. El gallego, la criada, el aprendiz, la planchadora, el chiquillo juguetón y la portera que hace excursiones de su portería á la fuente. Desde la Cibeles, alrededor de la cual toman inhalaciones cuarenta personas, hasta la columnita de hierro con su vaso colgado de una cadena, el número de las fuentes madrileñas es muy grande y todas tienen su reputación especial; son como las aguas minerales, con sus EN J. A F U E N T K DE lEStJS clientes detei minados. Así, por ejemplo, en el Casino de Madrid hay botijos especiales para aguas de fuentes distintas. Y dice u n socio al criado: Tráigame usted un vaso de agua de la Cibeles. Y otro dice: ü n vaso de agua del viaje antiguo. No falta un consocio que pondere el agua de la fuente de Jesús, y siempre hay quien da como mejor la de la Encarnación. ¡Cada barrio tiene su balneario, su manantial, su agua! ¿Quién ha dudado nunca de las virtudes de la fuente del Berro? ¿Y quién no ha ido á la fuente de la Teja? L a fuente es en Madrid la frescura nocturna, la tertulia sabrosa, el punto de reunión de los enamorados de escalera abajo. A la fuente va el militar á ver á la doncella, el sefiorito tronado á ver lo que cae, los chicos de la calle cei cana á tomar refresco barato, y la criada vieja á chismorrear y saber lo que pasa. De la fuente salen los amoríos baratos y los chismes y cuentos que animan el distrito. Allí se sabe todo y algunas cosas más. Y dominando la situación está siempre el gallego, el traidor del agua, como le llaman las cocineras. ¡El gallego! Se le llama por su tierra nativa; no se dice nunca Domingo, ni Bartolo, ni Toribio; se dice ¡el gallego! F o r m a parte de una colonia que pasa de catorce mil habitantes de la capital, gente honrada y trabajadora y sufrida que se pasa la vida con la cuba al hombro subiendo y bajando escaleras, llevando el agua que cuece los garbanzos y lo cura todo. E s t e tipo es el que hace el gasto en las fuentes y el que discute á Sagasta y Silvela mientras la cuba se llena. Los vecinos concurrentes á la fuente de vecindad le h a r á n creer que los burros vuelan, porque es sencillo y bueno como él solo. A la fuente acuden todos los botijos que después adornarán los balcones del empleado y de la modista, del cesante y de la chalequera. Con el botijo debajo del brazo va y viene la Maritornes acompañada del soldado, que á lo mejor se para en mitad del arroyo y dice: ¡Yo no paso de aquí como no me compres tabaco! Alrededor del manantial madrileño se entablan conversaciones de la mayor importancia: ¿Ya no estás en casa del médico? -Ay, hija, no, porque aquella casa es un lío: la señora, con sus impertinencias; el señor, con un genio de mil demonios ¡y comer, ni raspa! ¿Es verdad que tu Nicolás te ha dejao? -A mí no se me leja; es que el pobre está con unas calenturas de esas que les llaman entremituentes, que hace quince lías que no sale; y además el disgusto que tuvo con el perro, que se le murió de unas convulsiones que le daban, que metían miedo. ¡Animalito! ¡Así tengo yo u n cuñao! La fuente, á deshorade la noche, cuando ya no hay gente que vaya á buscar agua, es sitio delicioso para enamorados del barrio, que se dan cita allí para decirse mil ternezas, mientras en 1 a taberna ¿Q U I E N DA LA VE de al lado cantan el tango del morrongo; y el sereno, que pasa de cuándo en cuándo cerca del melancólico chorro, dice como, quien sabe á qué atenerse: ¡No se vayan ustedes á caer y se ahoguen! Y el novio, entretanto, le dice á la otra: -Yo, con franqueza lo digo, tengo que querer á alguien, porque si no, me da erisipela! Ki; sKBio BLASCO íí l F O T MUÑOZ DE B A E N A