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de su hija. Así, cuando la madre del joven rey salió de la Magdalena, le fué tributada u n a discreta pero m u y simpática ovación. El día estaba espléndido y la Reina muy bien hubiera querido pasear u n rato hasta el Bosque de Boulogne. Las aclamaciones de los parisienses la sobresaltaron u n poco, y entonces mandó al cochero que se dirigiera al Museo del Louvre. E n el camino cambió de propósito y descendió del coche en la calle de la Paix. Muy contenta y sin percatarse de la presencia de los agentes de seguridad, que la seguían á respetuosa distancia, no dejó de dar un curioso vistazo á los escaparates de la mayor parte de los grandes almacenes y de las lujosas joyerías de la calle de la Paix. Los vestidos, los joyas hicieron olvidar á nuestras augustas huéspedes las maravillas de nuestro Museo nacional, hasta el punto de que cuando volvieron al coche se encaminaron á diversos al- 3 ñicf B Fy m B l ll -A. BMBH H 9 HI VISTA DEL CASTILLO DES AVENUES, EN OOMPIEGNE, RESIDENCIA DE DOÑA ISABEL II macenes y tiendas, donde hicieron importantes compras. Al mediodía la Reina estaba de vuelta en el hotel, donde almorzó con la Infanta, la duquesa de Alba, los marqueses del Muni, los duques de Sotomayor y de F e r n á n Kúñez y el Sr. Palomino. El salón estaba lleno de canastillas de flores, de bouqiiets magníficos y de modestos ramos enviados por todos los individuos de distintas clases de la colonia española establecida eñ París. Aquel simpático homenaje conmovió mucho á la Reina. s u MAJESTAD Y SU ALTEZA E CENr) IENDO DEL TREN EN COMPIEGNE Acabado el almuerzo, S. M. y S. A. se trasladaron á la estación del Norte para dirigirse á Compiegne, donde está la residencia de 8. M. la reina Isabel. L a Reina vestía sencillamente de medio luto; la infanta María Teresa una preciosa toilette de seda gris con rayas blancas y una elegante capa de viaje color gris perla. Mientras se esperaba la salida del tren. Su Majestad conversó con el marqués del Muni, quien la anunció que la Reina Isabel deseaba invitarla á comer. Llegadas las augustas viajeras á Compiegne en un vagón especial que había sido enganchado á la cola del expreso del Norte, más de mil personas esperaban en la estación. El recibimiento fué también tan respetuoso como cortés. E n la estación se encontraba esperando la Reina abuela, que andaba trabajosamente, apoyada en u n bastón. No obstante, al divisar á su hija y á su nieta. s u ALTEZA LA INFANTA MARÍA TERESA SALUDANDO Á SU ABUELA