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j. A i: i: iNA i níl (iU- Ni osi I N A r r O M o v i i A L H O I S l OTS GRIliAVEDOl F de la etiqueta palaciana, sintiéndose uno de üi ráos en medio de una ciudad tan bella, luminosa y espléndida como París, no ha podido menos de revelarse en el rostro y en las palabras y actos de nuestra Eeina durante los breves instantes que ha- pasado. en la capital de Francia. La Prensa francesa da cuenta con gran extensión y con particular cariño del afectuosísimo y entusiasta recdbimiento que el pueblo de París ha hecho á nuestra Soberana, de la admiración respetuosa con que se reconocía por los hombres su discreción y talento, por las mujeres su elegancia suprema, y en fin, de la simpatía extraordinaria que han despertado los juveniles encantos de la infanta María Teresa, á quien el espectáculo de París ha interesado y sorprendido en extremo. Xuestras fotografías representan á S. M. y á S. A. en diferentes momentos de su visita á París. Uno de los diarios franceses más populares. Le Journal, da cuenta del primer día de estancia de la Eeina en París en los siguientes términos: A las diez de la m a ñ a n a la Eeina salió. del hotel Meurice, y subiendo en el laudó con la infanta i l a r í a Teresa y la duquesa de Alba, dio orden de dirigii- se á la iglesia de la Magdalena. S. M. no haV) ía querido qvie se avisase al párroco, y cuando penetró en la iglesia, la m i s a había comenzado ya, por lo cual se limitó á coloc a r s e modestamente en la tercera fila de sillas, confundida entre la nmchedumbre de los fieles. Su incógnito fué descubierto en el momento de la cuestación habitual. El sacerdote encargado de recoger las limosnas reconoció á la Reina al presentarle el cepillo, y pronto se divulgó la presencia de Doña María Cristina y FOT, SERVANT s u M A J E S T A D BAJANDO D E LA T O B K E E I E E E L