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cerro R E V I S T A ILUSTRADA AÑO X I I M A D R I D 9 DB AGOSTO D E 1902 ISÍÚM. 688 sKíiES I ÜOBXV: E: 3 L har de la Cometa en Thompson street es un lugar harto conocido, donde se da cita, á las horas d e i tregua comprendidas entre dos ensayos ó dos representaciones, la gárrula legión de atletas y titiriteros, clovms y caballistas que actúa durante los doce meses del año e n los circes y music- hall d e aquel animado barrio londinense. Allí conocí al protagonista de este cuento- -que no es u n cuento, sino una historia verdadera de verdad, como dicen con inquie tante pleonasmo los niños, -Jack O Meara, irlandés de nacimiento como todo el mundo sabe, celta, por consiguiente, de origen, católico de religión, poeta de temperamento y clonen de oficio. Jack O Meara, cuyofinreciente todos mis lectores recordarán con espanto, ganaba un dineral e n sus combates d i a r i o s con la muerte. Vivir contra la vida es lo que él hacía y de. lo que él vivía; porque negar todas las noches, prácticamente, con su cuerpo, desde la pista ó las alturas del circo, con cabriolas y saltos más propios de países de pesadilla que de realidad, las leyes fundamentales del equilibrio y de la estática, es, salvo superiores eufemismos, una tarea de desesperado, y aún me extremaré á decir que d e suicida; de modo que al estrechar todas las noches en el bar de la Cometa su mano cuadrada de acróbata, de vertiginoso acróbata, la idea del morir me asaltaba imperativamente, y muchas veces creí tener entre mis manos- -aún me dura el frío cuando lo pienso, -mejor que los dedos de un hombre vivo, las falanjes de u n esqueleto. Al revés que la gran mayoría de sus congéneres, no era locuaz, aunque observándolo con cuidado podía advertirse que debía hablar mucho para dentro. Eso no obstante, un día, al conocer mi nacionalidad, me habló de España durante m á s de media hora con melopeas de enamorado en la voz, y cierta vez que no olvidaré nunca, al saber que, como otros á los museos, yo iba con asaz frecuencia á las alamedas de Hyde- Park para admirar á los babys ingleses, las más encantadoras criaturas de la tierra, acudieron lobregueces de luto á sus ojos, y con voz que titilaba al principio y que al afirmarse luego en la narración llegó á hacerse dura y sonar con el fonetismo seco del pico de hierro que muerde en la piedra para desbastarla, exclamó: ¡Oh, si usted hubiera conocido á mi Paddy! Yo también Pero óigame usted, voy á contárselo todo: hoy es un día- aniversario, u n mal día, un triste día, y lo voy á conmemorar hablando con u n extranjero, que después de haberme escuchado será con seguridad mi amigo Soy u n juglar ¿no es así como se dice? u n saltimbanqui, algo que está por encima del mono- -iconvenidol- -pero que está por debajo del histrión también; un