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LOS CAMPESINOS DE JEREZ r V UMILDBMKNTE, sin haber desvirtuado su clamor de justicia con el desorden ni con las revueltas, las V iP C drlllaa de campesinos márchanse á sus pueblos, á sus aldeas, sin esperanza ya de concordia, pero con fe inextinguible en el triunfo de su causa. Pasan sin detenerse por los cortijos que abandonaron, donde todavía trilla alguna piara de yeguas y siega alguna gente á la vista del arreador, que manda cortar bajo, á ras del suelo, que exhala un vaho ardiente, un polvillo cuasi ígneo. VISTA D S U N CORTIJO KN L A S I N M E D I A C I O N E S DB JBRGZ Han pasado en Jerez muchos días de hambre, dándose el bocado de pan los unos á los otros, y durmiendo en las calles solitarias de los barrios ó en los campos cercanos. Y ahora, cuando la vida de tanta gente miserable se hacía aquí ya insostenible y se aproximaba el momento en que la necesidad desatase las manos, los forasteros reciben orden misteriosa de marcharse, después de jurar los que se van y los que se quedan no acercarse á pedir trabajo en ningún cortijo jerezano. En el último mitin lo proclamaron con una fuerza de expresión tal, que no dejaba duda de la intensidad de sus convicciones. -cPara vivir como vivimos, muramos. La muerte no es peor que nuestra vida. YO no he contemplado cuadro más vigoroso ni más extraño. Llenaban de pie, en revuelta masa, sin una silla donde sentarse, el salón de columnas y el patio con arcadas y con galerías altas descubiertas de un viejo caserón mudejar, deshabitado, vestido de telarañas, de jaramagos secos, de hierbas que crecen en las hendiduras de las pa- ÍK SIEGA E N LA CAMPIÑA J E R E Z A N A