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BJLUCKXvOHJL ífe AUTOMÓVILES FOBMA. DOS EN LÍNKA E N EL P A R Q U E D E BABCBX. ONA iSg i i mafiana deliciosa. Mucha luz, mucha alegría de tonos, atmósfera diáfana, y la primavera arro QSjt jando bocanadas de perfumes desde los verdes y frondosos árboles. Antes de mediar el día comen zaron á salir de la Vaquería del Parque los socios de El Automóvil- Club de JSspaña, todos gente distinguida, adinerada y amable. Esta sociedad acaba de constituirse, y se propone: l.o Bajo el punto de vista del sport, la unión de los automovilistas españoles para efectuar jiras, excursiones y fiestas automovilistas de todo género, concursos, etc. así como recibir y facilitar al automovilista forastero, allí donde haya afiliados, cuantos elementos sean posibles y les fuesen necesarios; y 2.o Bajo el punto de vista práctico, trabajar la mejora de carreteras, estimular á los conservadores de las mismas, levantar planos para facilitar viajes y excursiones, etc. La dirección de la Sociedad está encomendada á manos muy expertas: las de D. Joeé Ferrer y Vidal. Ayúdanle en su labor inteligentes aficionados, y con tales impulsores la Sociedad ha comenzado pujante. lia alquilado un precioso local (Gran Vía, 327 y 329) consta de un lindo jardín, dos saloncitos, cochera, secretaría, y luego, además de cuarto de aseo, varios salones para reunión de los socios y fiestas. Es numeroso el grupo de automovilistas en Barcelona; pasan de cien. Entre éstos aparecen nombres de los más conocidos aquí. Almirall, Artrás, Baneffoi, Burell, Oasanovas, Casáis, Castro, Ointrón, Casany, Duran, Fornells, Farge, Homet, y muchos más. -lA ver! ¡A formar para BLANCO Y NBGBO! -se gritó cuando casi todos esos señores salían de la Vaquería del Parque la otra mafiana, esa mafiana hermosa, saturada de perfumes primaverales. Oído el grito, lo demás fué cosa de un instante. Cada cual subió á los automóviles que habían permanecido quietos, alineados bajo los copudos árboles, y objeto de la admiración de los paseantes del Parque. En seguida se oyó el ¡chafsl ¡chafa! tardo de los automóvites que recibían el necesario impulso de loe motores. La linea se rompió. Caracolearon las máquinas como fogosas jacas é inquietas; una sacudida nerviosa las dispersó rápida, velozmente, lanzándolas á carrera desenfrenada por las avenidas de los Tilos, de los Alamos, de los Olmos, turbando el silencio de aquellos enarenados paseos el áspero rodar de los coches y el trepidar atropellado de los aparatos. Al automovilista, posesionado de su asiento, le domina el vértigo d é l a velocidad. Púdose alfiareunir algunos carruajes, y se obtuvo la primera fotografía. En seguida se rompió el grupo y comenzó la interrumpida carrera, pasando las máquinas junto las obras escultóricas de Reynes, Juxá, Vallmitjana, Gamot, Nobas, que embellecen el Parque, y llenando los paseos de ruidos vertiginosos y resoplidos entrecortados, mientras las máquinas se trenzaban y destrenzaban en visión cinematográfica El fotógrafo sorprendió el paso de varios sportman, entre ellos el del laureado Casas, el brillante colaborador artístico de este periódico, más entusiasmado que de su último cuadro, de la excursión que acaba de hacer por Francia en su precioso carruaje. Ya promediaba el día cuando los automóviles rezagados dirigíanse hacia el Arco del Triunfo y el Paseo de la Aduana, en su regreso al corazón de la ciudad, dejando al Parque en el silencio de sus bosquecillos y de sus simétricas arboledas. E L PINTOR CASA S EN SO AUTOMÓVIL DAEÍO PÉREZ F O T S NAPOLEÓN