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AY muchas personas que no viven sino aumentando las proporciones de cuanto ven, asi como en delicioso viceversa existen multitud de caballeros que todo lo miran por unos gemelos de teatro invertidos. Los primeros lo encuentran todo sublime, maravilloso, excelso; los segundos se pasan la vida renegando constantemente, maldiciendo hasta del inoportuno momento que vinieron al mundo. Si van ustedes en compafiía de un amigo de la clase primera, de los ponderali vos, llamémosles asi, con frecuencia recibirán un codazo significativo, añadiendo: cPor allí va Benítez, el hombre de más talento que hay en España ó bien: c ¿Ve usted aquel señor que así á primera vista parece un infeliz? ¡Pues es un tío tan grande, que no le cabe el genio que tiene en la cabeza! Por el contrario, si en lugar de un ponderativo le corresponde en suerte alguno de la clase segunda, serie biliosa, todos cuantos acierten á pasar por el radio de acción de sus iras serán despiadadamente sacrificados, y ¡desgraciado del que se atreva á contradecirle ó á indicarle, siquiera sea tímidamente, su opinión favorablel En seguida el bilioso le saldrá al paso diciendo: ¡Como usted también es de los que creen que Gutiérrez tiene talentol ¡Vamos, hombiel ¡Cómo se conoce que estamos en España, donde proclamamos genio á todo el mundo! Los ponderativos van á un estreno, y desde que se alza la cortina hasta que termina la representación no cesa su entusiasmo, celebrándolo todo, aplaudiéndolo todo. En cambio los otros se revuelven inquietamente en la butaca, paseando trianfalmente sus níiradas de suprema indiferencia por encima de los demás espectadores, á quienes compadecen profundamente; y cuando ya no pueden contener la ira que les fermenta dentro, molestan al espectador más próximo diciendo: ¿Ha visto usted qué esperpento de comedia? ¡Y si fuera eao sólo! Pero es que además de malo, es francés. Porque esta comedia seguramente que habrá usted recordado que es Le cordoniere y leroi, que ya la tradujo Zorrilla descaradamente con el título de El zapatero y el rey. TI Y después de semejante disparate, el hombre se queda tan satisfecho y dispuesto á enfilar certeramente sus mortíferos rayos de la crítica. Termina la representación, j en tanto los pondera tivos proclaman á voz en cuello que desde Rodríguez Eubí hasta nuestros días no se ha hecho nada mejor, loa biliosos salen echando pestes, afirmando que después de El drama nuevo no han visto nada más rema ¿adámente malo. Tan exagerado es un término como otro; ni hacen bien los amigos que rodean al autor mintiéndole para su vanidad y haciéndole creer que de vivir Shakespeare hubiera escrito el Samlet y el Ótelo en colaboración con él, ni los que llegan con cara triste para vendwle el favor de que él sabía que todo el teatro estaba ocupado por los amigos. Uno de los primeros me enseñó en cierta ocasión á un amigo como un elocuente orador, y otro de los segundos me quiso demostrar que el centenario de Víctor Hugo era una tontería, porque Víctor Hugo había sido un imbécil, y sus obras las escribía un demandadero del Faubourg Saint- Germain. Luis GABALDÓN