Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
UNA VERBENA ARISTOGRÁTIGA os barones del Castillo de Ohirel, que tantas y tan merecidas simpatías gozan en la sociedad madrileña, obsequiaron el sábado último á lo más escogido y elegante de ésta con una verbena, que llenó de animación el precioso hotel de la calle de Ayala. En el jardín, iluminado magníficamente con innumerables focos eléctricos, una escogida orquesta de bandurrias y guitarras lanzaba á los aires los acordes de valses y polkas. Los dueños de la casa, acompañados de sus hijas, recibían con gallarda cortesanía á sus invitados. Todas las señoras y señoritas asistieron luciendo preciosos mantones de Manila que, prendidos con elegante desgaire, alejaban de quien contemplase tan lindo espectáculo toda idea de tiesura y etiqueta aristocráticas, y daban á la fiesta un delicioso y alegre tono de popular regocijo. La fotografía que publicamos, gracias á la amabilidad y complacencia de los ilustres barones del Castillo de Ohirel, fué obtenida á las doce de la noche, cuando la fiesta se hallaba en los momentos de mayor animación, y sirve para dar una idea pálida de la brillantez de la velada. Sobre la frondosidad de los árboles, iluminada la escena por la luz eléctrica que se filtraba al través de las hojas, en el delicioso abandono de las fiestas al aire libre lucían harto mejor que en el marco de salones y gabinetes la hermosura y gentileza de las señoras y señoritas concurrentes. En las preciosas cabezas, artísticamente tocadas, las ñores reemplazaban con ventaja á las joyas de perlas y brillantes, y la hermosura de la naturaleza sobrepujaba en mucho á la que es dable obtener á pintores y decoradores en las habitaciones, ó á peluqueros y modistos en el atavío y compostura de las personas. Para enumerar los nombres de la concurrencia, sería necesario que copiásemos una buena parte de la Ghiía oficial, puesto que en el jardín de la calle de Ayala se reunieron todas las aristocracias de la hermosura, de la riqueza y del talento, viéndose al lado de las más elegantes y hermosas damas, á los personajes más conspicuos de la política, del arte y de las letras. En el jardín se sirvió un suculento chocolate, espléndidamente ilustrado con todo género de agradables golosinas. Lo único que todos lamentaron fué que la noche no f aera más larga, pues en realidad las horas parecieron minutos á cuantos tuvieron la dicha de asistir á tan grata reunión. FOT. CIFUBNTES L