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que imites el llorar de alftnnos vats 8, que no sé por qué lloran, y te quejes de azules amargaras no sufridas jamás (á mí me consta) en tu vida feliz, que hasta hoy ha sido tan ancha como corta, Mucho estimo en verdad, celeste joven, ta sentida y azul dedicatoria. Lo que siento es que no hables en tus vertoa como hablan las personas. Si otra vez me dedicas líneas de esas ea que no hay rima y la medida sobra, y cuya forma te resulta fácil porque es libre y sin costas, no me vengas hablando de Jioras grises, ni de lagos que duermen siestas rojas, ni do lájrimas rubias que palpitan sobre viruelas locas, ni me digas que á un bosque amoratado vas á buscar amor, y aMi, entre aromas, de una virgen violácea los destellos el alma te perforan. ¿Hay vírgenes violáceas en los bosques? No recuerdo haber visto ni una sola, á no ser que ya tenga enteramente violácea la memoria. Y decir como tú que en vaso de oro bebes risas azules de una loca, que te llama con dejos lúbriformes de neurastenia sorda yo no lo haré jamás, así me maten, qne eso puede pasar tan sólo en broma. ¡Vamos, vamos, señor! ¡Virgen violáceal ¡Eso no se me borra Por más vueltas que doy, no me es posible saber por qué es violácea esa señora. ¿Será porque su padre es un sujeto que toca la viDla? jGuarda, joven azul, los colorines, porque te pueden ensuciar la ropa, y no imites, por Dios, á esos que llevan el cerebro en compotal Mas si te tienes que inspirar en alguien, porque tá no das luz por cuenta propia, imita á los poetas de altos vuelos, ¡no á los de baja estrofal JUAN PÉREZ ZÚÑEGA