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4 tufe 3 m conseguí que mi hermano mo llevase. Te advierto que mi hermano habla macho de MÍAS Mollt la de los patitos amaestrados; ya la conoces. Pues bien; íai por la tarde, pero Fox por la tarde no trabaja, y me quedé muy triste Yo bien comprendo 1 que un artista como F J X sarabajaria trabajando por la tarde. Al lunes siguiente, no sé si por los chilüdos, Fox me miraba, me miraba con sus ojazo 3 grandes, azules, hermosos. Desde aquella noche nació en mí deseo irresistible, ansia loca de ver á Fox de cerca, de hablar con él, de conocerle qué sé yo! Aquel hombre atleta, gallardo, de líneas clásicas, hablaría tambiín clásicamente de cosas nuevas, de una vida extraña, la vida de los grandes vagabundos, distinta, nauy distinta de esta vida nuestra, insustancial, monótona, anodina: eso, anodina, como dice papá en el Senado. ¿Xo te encaprichaste tii por el pescador? Pues yo me encapriché por el eetiyer, por el hombre clásico, que sobre el caballo blanco me vuelve loca. Concebí una idea, y como la concebí la ejecuté. ¡Anda con Dios! Le escribo una carta (en inglés, por supuesto, que para algo nos enseñaron inglés las madres) y firmando Alice Swift, lo doy, románticamente, una cita en el Botánico, Después de pensarlo mucho, elegí e! Botánico, porque recuerdo que tu hermana citaba allí al de la escolta. Llegó la tarde de la cita; f ni con la Miss pretextando que el Bitánico es lugar fresco para el verano. Yo estaba nerviosa; á cada momento creía ver á William Fox montado en su caballo. ¡Qué tontería! En el Bo tánico no entran coches ni caballos, pero yo, erre que erre, á caballo le veía. Estábamos junto á la estufa, punto de cita; tá no conoces esta estufa, no conoces el Botánico, Pues amiga, para cosas así idelicioso! No hay más que niños y curas. La tensión da espíritu era violenta; llegué á sentir impresión de miedo por la travesura; tentaciones tuve de marchar sin esperarle, pero el ansia de verle á mi lado, de hablar con él, me contenía, me alentaba. Pensé en que acaso faltase á la cita. Bahl cartas como la mía ¡recibirá tantas! Pero de repente apareció William; le vi ante mí plantado. (Ah, Julita mía! si no es por los ojos, por los ojazoí azules, no le conozco. Gordinflón, coloradote, mofletudo, con una corbata de mil colores y una abertura de chaleco descomunal; sombrerín blanco, y bajo el sombrerete los rizos chorreando pomada; bolitas de charol, americana á cuadros verdes, y sobre la pechera un botón de coral, grande como una avellana. Este es Fox; sí, mi querido ecuyer, mi idolatrado William, el de las blancas mallas, el de la brillante estrella, el atleta dislocado que me entusiasmó á mí desde la pista. Y el muy regordete que me ve con falda violeta y blusa blanca (señal convenida) se acerca á mí con mucho contoneo y mucha risita bobalicona. Te aseguro que si no es por la Miss, le doy con la sombrilla en la cabeza. Pero me contuve y preferí echarlo á risa. Solté la carcajada. La Miss también rompió á reir; ya sabes cómo se ríen estas inglesas; se reía con ganas de su compatriota. El galante Fox quedó asustado; su cara de bruto se cambió en cara de bobo. Yo al recordar la escena me río todavía. Pero aprovecho la lección y ya no creo ni ea las formas clásicas, ni en los arrebatos románticos; desde hoy en materia de amor soy naturalista. DIBUJOS DB MKNDEZ BRING FEAITCISCO ACEBAL