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BA andando cierta vez Blas por la calle del Pez, y en una tienda echó el ojo á un corpulento manojo de espárragos de Aranjuez. Los tiene afición sin par, y á su casa trasladados, su cocinera Pilar se los dio para cenar ricamente aderezados. Blas cenó; el snefio le entró; quedó hecho un tronco al momento (según dicen, porque no recuerdo haber visto yo ningún tronco soñoliento) y al poco rato soñaba que en Aranjuez se prendaba de una Lucia hechicera, que por cierto se llamaba de apellido Esparraguera. Blas la dio su amor sincero, y no sufrió calabazas de aquel ser zaragatero que tenía iguales trazas que un espárrago triguero. So ó que simpatizaron, y que en cuando sa casaron, llenos de dicha los dos. I En esto la una sonó, y Pilar, la cocinera, despertar se lo ocurrió á Blas, quien de tal manera dejar el sueño sintió, que airado y sin olvidar su manía singular, no se pudo reprimir, y al punto mandó á f reir espárragos á Pilar. JuAsr PÉREZ ZUÑXGA