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LA DE D. FRANCISCO DE QUEVEDO Me han colocado en una parte de Madrid que no conozco; pero ¡qué importal Bupongo que las damas del tusón y los hampones merodearán por aquí como por todo el resto de la villa. Además, estoy muy agradecido al escultor insigne que me engordó las piernas flaquísimas que yo poseí en vida y redondeó las facciones de mi angalosa cara, y sólo se detuvo ante el tamaño de los espejuelos. ¡Estos no tienen frases para alabarle! Yo, que siempre miré por ellos, me reconozco muy inferior al artista autor de esta escultura mía. Él ha mirado más por los quevedos que por el propio D. Francisco sobre cuyas narices cabalgaban! Hanme dicho que el escultor dirige un llamamiento subterráneo, desde debajo del pedestal que me sustenta, á los artistas futuros, envidiándoles la condición de no tener que trabajar la materia para esculpir obras de arte. Supongo, pues, que harán figuras en el aire. ¡No tendrán éstos seguramente ni mii piernas ni mi busto! Algunos bellacos afirman que el pedestal que me han puesto vale mucho más que mi estatua. Y ya sólo falta que otros intelectuales, bellacones como ellos, pregonen mis obras en la Puerta del Sol, gritando: ¡Obras completas de D. Francisco de Quevedo á perro chico! ¡El papel vale más! ¡No somos nadie! í debe de ser masculino; pero el autor dramático de la boina le decía al autor dramático de la gorra (pues á lo que pude entender, ambos eran autores dramáticos) Mira, Fulánez, déjate de simplezas; todo consiste en las pantorrillas de las señoras. De modo que el género chico, mustulíno por la denominación, es femenino por las pantorrillas de las actrices. Y lo que más me fastidió fué oir auno de loa dos interlocutores: ¡Bueno, y si no damos con el argumento, se lo robaremos al de arriba! ¡Mis obras convertidas en pantorrillas de señoras! Pueden dar gracias ios dos autorzuelos á que estoy fundido en bronce. ¡Cielos, y lo que es peor, refundido por varios autores modernos! LA DB BRAVO MTJRILLO ¡Dios mío, me ahogo! ¡Por piedad, un poco de agua! A medida que va cayendo la tarde, fórmase en torno mío una espesa nube de polvo que se infiltra por mi nariz y por mi boca hasta privarme de la respiración y del habla. ¡Medrados estamos, amigo! En el estudio de mi escultor oí decir que el agua que yo traje no sirve, por lo turbia, para bebida. La nube de polvo que me ro dea prueba que tampoco sirve para el riego. Entonces, ¿para qué sir 4 Í ve aquel magnífico caudal QUEVEDO, POR QUBROL que, canalizado por mí, baja de las salvajes cumbres del Guadarrama, trocando los cristales de sus nieves por reLA DB LOPE DB VEGA lampagueantesybullieiosas gotas? ¡Como no sirva para que se la 7, Ayer se sentaron dos individúes al pie de mi pedestal y comenza- ven los madrilefíos! ¡Pero qué han de lavarse, si la ron á platicar de arte. Yo, haciendo como que continua- mayor parte tienen cara de carboba mi lectura de este libro que me neros ó de políticos! 0 h agua, líquido sublime que han colocado en la diestra, ponía ambas orejas en el diálogo, y si no envuelves y representas toda una escuché mal, aquellos dos insignes civilización! ¡Salud del cuerpo, varones, uno con gorra y otro con bienestar del alma! ¡A ti te dediboina, pronunciaron varias veces, qué! a mayor energía de mi ef refiriéndose al teatro las palabras píritu, y trayóndote á esta villa creí haber desterrado para siem género chico pre de ella á las epidemias y á los ¿Qué será eso de génerochico? Juzgué haber apurado todas las taberneros! ¡Error, error crasísimo! Las epí formas y aun todos los procedimientos de la dramática, escribien- demias aumentan y los tabernedo, como quien dice, á galope tendi- ros se multiplican. ¡Y los madrido del Pegaso, tragedias, dramas, leños continúan sin lavarse! Empinándome un poco veo comedias, loas, autos sacramentales, farsas... y he aquí que apenas desde aquí los depósitos connconvertido en estatua, dos indivi- traídos para mi agua, la redentoduos, uno con gorra y otro con boi- ra agua del Lozoya, á la cual imana, y á mi parecer no muy letrados, giné casi con tantas virtudes como se sientan en mi pedestal, y para la del Jordán. Pero ¡oh dicha! ¡ya llueve, ya ponerme los dientes largos van y llueve! ¡Gracias, próvidas nubee- VifC P ai an el género chico. ¿Qué será ese género Los madrileños beben chico? vuelvo á pregun- y tienen las calles regai- tar. En mis tiempos cono- das alguna vez, merced oíamos el géneromaecali- á vosotras. ¡Como si yo r- no, el femenino y aun el no hubiera e x i s t i d o! ¡Apoderaos, pues, de mi neutro. A juzgar por lo de chi- estatua! co, el género en cuestión G. DE PASAIWONTE BRAVO MURILLO, POR TRU- LES LOPB DB VEGA, POK IXUBRIA r