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LO QUE DIGEN LAS ESTATUAS NUEVAS L A DE D. FRANCISCO GOYA No fué la dalzura de carácter mi cualidad distintiva, según atestiguaban varios de mis contemporáneos. Naci aragonés y con ceño, que es nacer varonilmente malhumorado dos veces, y muchas más me dominaron profundas melancolías, traducidas por mí en rabiosaf aguas fuertes. Pero (aquí una interjección eso de coló carme frente á la Casa de fieras, se me antoja una verdadera ferocidad de los ediles. Y si en mi mano estuviese como está en mi mano esta chistera (que ya me va pesan do demasiado) sacaría á las ñeras de sus jaulas y meterla en éstas á los concejales. Cada edil en su jaula coniin letrero: He ahí la ley Municipal f atural Desde aquí escucho á todas horas los rugidos de un león vecino mío, aprisionado entre barrotes, para saciar la admiración de un público de papanatas. Algo semejante me sucedió en- vida. Comprendo á ese león y me dan ganas de rugir con él. ¡Pero cómo va á rugir un hombre cómo yo, ocupado en sostener una chistera! ¡Ten paciencial me dice desde el pedestal mi Maja desnuda. Tea tú una hoja de parral la contestaría yo enviándola a! tuerno. Mas, en fin, todavía ea posible que por un descuido de sus guardianes salgan i algtón día GOYA, POR los e d i l e s hambrientos de sus jaulas y se merienden á mi Maja desnuda. ¡Vaya un festín de apetitosa carne fresca! Y yo entonces podría ofrecerle tranquilamente mi colosal chistera á nuestro colosal Alcalde primero. LA DE ELOY GONZALO ¡Eediezla! SeJooíáD. Alberl cuando me quitaron el trapo, que ya no me dejaba respirar: ¡Ved ahí al hijo de todos, al hijo de nadie, al hijo del pueblo de Madrid! ¡Al hijo de todos nosotrosl ¿A que resulta que mi padre fué el teniente alcalde del distrito? Es verdad que yo vine, corno quien dice, á la luz en la Inclusa; ¿pero qué necesidad hay de faltarle á la familia? Soy hijii) de mi padre y de mi madre, como cualquier otro ciudadano español, y si mi madre, por un suponer, bajaba demasiado al Rastro, yo me fui á M las Américas, ¡y pata! Ella hizo allá lo que hizo, y yo hice ELOY GONZALO, POR MARINA BD l a s A m é r i c a s l o qno hice. Total: que no fué para tanto. Una laia se le da á cualquiera, y una caja de cfrillas vale, si es de las que gastan los rioritos, diez céntimos. ¿Que había qué quemar una casa para qUe no ños abrasaran á tiros los mambises? Póes r) L, í la lata y la caja de cerillas y me fui á la obligación. ¡Como si fuera á llamar al sereno! Pero como no es de mi natural dar la lata, hice que mis cornpafieros me atasen nu una cuerda, para que tirando de ella remuneran, pongo por caso, mi cadáver. ¡Vaya una heroicidad! Cuando me dejaron en la Inclusa mis padres, no me puaier. in la cuerda para recogerme. De modo que eso iba ganando. Y todavía me llaman el héroe de Cascorn! ¡Pobre de mí! ¡yo no sabía que morir por Españaera ser héroe! ¡Cuántos y cuántos compañeros míos hijos de todos, hijos de nadie, hijos del pueblo español. ó del teniente alcalde del distrito, hubieran hecho lo que yo! ¡Cuántos pobrecitos quedaron por allí y no tienen estatúas! Pero la mía es para todos ellos. ¿No soy yo de la Inclusa? ¡Pues caben todos los anónimoú LA DEL DIVINO ARGUELLES Al menos á mí me han puesto en mi barrio, y como mi barrio es uno dé los más frescos de la villa y corte, no me viene mal el magnífico paleto que el Sr Alcoverro ha tenido á bien BBNLLIÜRK regalarme. Me imagino de todas maneras que he de durar poco. Si el aire sutil del Guadarrama no me ocasiona una pulmonía doble, moriré de lo que se están muriendo muchas cosas en nuestro país: de lo que acaba de fallecer el divino Canalejas. ¡Corren muy ir. los vientos en España para los divinos liberalesl Yo, que redacté ó impuse aquella Constitución tan gloriosa como candida del año doce; yo, iniciador de la libertad de imprenta; yo, defensor entusiasta del progreso y de la cultura nacionales, no puedo permanecer mucho tiempo sobre mi pedestal. Nada; que el mejor día me quitan de en medio, como solía quitiarme Fernando VII cuando también gastaba paleto. Y aún me daré por muy contento si después de desmontarme no me llevan á la vecina Cárcel Modelo á sufrir qnincena por divino. A mi entierro asistieron sesenta mil personas; á descubrir rñi efigie habrán venido unas quinientas, y cuando vaya á la Cárcel Modelo me contentaré con una pareja de Orden Público. ¡Y sea usted en España liberal! ARGUELLE; POR ALCOVHBRO