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te KLTPA la cacharrera, exnodriza de un servidor- ¡Ya lo creo! -dijounataza. ¿Yqué ha sido de él? fe t y a, ctual consorte de un comerciante en pu- -Se lo llevó una señora el otro día. Por cierto que cheros y botijos, se hallaba enferma. desde entonces está siempre anegado en llanto. Los médicos no la entendían (verdad es que ella se- ¿Cómo lo sabes? explicaba muy mal) y estuvo en un tris, ¡en uno solol- -Porque su dueña dice que se rezuma. que no se fuese á vender jicaras al otro barrio. Mientras esto sucedía en el centro de la tienda, en El afecto lácteo que nos unía me obligó á velar á uno de sus rincones comentaban dos jarros un tanto Felipa cierta noche en que su acceso a 6 n 7 (como ella ebrios la formación del nuevo ministerio de cacbarrósdecía) era mayor y precisaba más auxiliar a los hijos liberales, respecto á la cual sólo pude oir que entraba de la enferma én la complicada tarea de darle frie- en Marina el botijo; en Hacienda, la hucha; en Agrigas, prepararle infusiones y aplicarle sinapismos. cultura, el tiesto, y en Gobernación el puchero, reserTodo lo hice con la mejor voluntad y únicamente vándose el salero la presidencia del Consejo y adjupude dormir hora y media; pero no sobre mullido le- dicando á dos tinajones ios puestos de gobernador y cho, sino encima dé una carga de hueveras que aún se de alcalde. hallaba por desembalar. Distraído con esto, que me chocó extraordinariaJLa cacharrería estaba cerrada. mente, no me enteré de que se había recrudecido la. En las habitaciones encontrábanse dos hijos y pelotera, más bien el drama pasional, entre los aluuna vecina de la aspirante á interfecta, y en la tras- didos cacharros. El cántaro se había dejado caer sotienda, interrumpiendo una fila de tinajas y reclinan- bre el botijo, la olla y la alcarraza (que era prima dedo la cabeza en la abundante paja que envolvía las la fuente) vinieron á las asas, y todos tomaron al cansusodichas; hueveras, me hallaba yo sólito, haciendo tarito por blanco de sus iras. inauditos esfuerzos para conciliar el sueño. ¡Alma de cántaro! -le gritó una sopera. Pero él Era la primera vez en mi vida que las circunstan- no dijo testa boca es mía cias me habían llevado á dormir entre cazuelas. Juró el botijo exterminar la especie, y á todos IosAl reclihárine en la carga, úii profundísimo silencio cántaros presentes se les puso barro de gallina. reinaba en el establecimiento. Pero no tardó en inEntonces la olla se arrojó sobre él botijo y de u a quietarme un extraño rumor que procedía de la tien- golpe lo dejó seco, y eso que no le habían mojado. da, dóbilraente iluminada por un candil. Al verlo las cazuelas, que son muy sensibles, se puAgucé el oído y quedé maravillado ante la escena sieron á hacer pucheros, con lo cual aumentó el surtido de la cacharrería. que se desarrollaba entre los cacharros. jNunca pude imaginarme lo que éstos son capaces Varias jicaras iban á meter baza, pero el concurso. de hacer cuando suponen que no los ve nadiel les obligó á callarse vista su escasa capacidad, y tan- -Por última vez te advierto- -dijo á una olla colo- to se enredó el asunto y tanto menudearon las acorada cierto botijo blanco- -que como vuelvas á mirar metidas y los coscorrones, que en un instante quedó, al cántaro te rompo un asa. la cacharrería convertida en montón de cascotes y de- -No tengas celos- -contestó la olla. ¡Yo sí que objetos desportillados. podría quejarme de ti! Anoche, delante de una alcaNo sé qué más pasó, pues la enferma tuvo á bien rraza y dos ensaladeras, que no lo negarán, vi que te reclamar mis auxilios. besó en la boca cierta fuente de Talavera Aquella Lo que sé es que los hijos de la Felipa, inculpándoque está charlando con el barrefio grande. ¿Qué se ha- me injustamente, sostuvieron á poco de amanecer eli brá figurado la tal fuentecilla, que es la Cibeles? siguiente diálogo: ¡Cállate, olla de grillos! ¡Es mucho D. Juan éste, que no ha de tomar en- ¡Anda de ahí, pitorro triste! serio ni aun la situación de un enfermo á quien vela I -Vamos, vamos- dijo una palangana pacífica, ¿Por qué dices eso? eso es nada entre dos platos. -Porque mientras ha estado solo entre los cacha- -Dejad á los platos en paz, -exclamaron uno so- rros se ha entretenido en hacerlos añicos. pero y otro de postres, ambos con ánimos conciliado- ¡Si es el espíritu de la destrucción! res y con filetes azules. ¡Pues bien podía haberse quedado en casa y ha- -Esa olla es una coqueta que merecía estar des- ber desportillado á su familia! portillada- -murmuró una chocolatera meneando el rabo. ¿No os acordáis de los disgustos que tiene daJUAN PÉREZ ZÚÑIGA dos al pobre botijo rojo?