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AKDBEA. G R I T T I DUX DE V E N E C I A POR T I Z I A N O EXPUESTO POR EL SR. MARQUÉS DB ALQUIBLA La Exposición de retratos se contempla con calma, con reposo, como se consideraría una reunión de personas notables y dignas de atención, cada cual por su estilo; y la cantidad inconmensurable de vida, el calor de humanidad que de los mil setecientos y pico personajes históricos ó desconocidos se desprenden, parece que se nos comunican y nos prestan extraño vigor, confianza en nosotros mismos, en la Naturaleza, que indefectible y eternamente seguirá produciendo hombres y mujeres capaces de emular por la hermosura ó por la iateligencia, por el saber ó por el brío, á todos aquellos individuos por el arte inmortalizados. Claro está que los mil setecientos retratos no son, ¿cómo habían de serlo? otras tantas obras maestras. Abunda lo mediocre, y hay algo, no mucho, decididamente malo. Nótabe esto sobre todo en las colecciones de retratos presentadas por los centros oficiales, cuadros de encargo, muchos de ellos pintados de memoria, y casi todos sujetos á la imposición de la tiesura y á la necesidad del uniforme ó vestimenta especial, generalmente antiestética. Pero, á vueltas de semejantes medianías, hay mucho cuadro antiguo y moderno que seduce y subyuga, aun cuando se ignore el nombre y la importancia ó el cargo del original. En la pintura de retratos en el siglo xix, conservan muy gallardamente su indudable supremacía D. Vicente López en primer lugar, y tras él D. Federico de Madrazo. En los siglos anteriores como nadie ignora, hay muchos retratistas que igualan á estos dos, y algunos que á ambos aventajan. Son muy digaos de notarse entre ellos el retrato del Duque de Urbino, por Andrea del Sarto; el preciosísimo busto de niño, por Zurbarán; el retrato del Dnx Andrea Gritti, de Tiziano, y el deD. Evaristo Pérez de Castro, de Goya, que reproducimos; y otro tanto hubiéramos hecho, á consentírnoslo el espacio de que disponemos, con el peregrino retrato de doña Ana deMeadoza y la Cerda, princesa de Éboli, pintado por Alonso Sánchez Coello; el soberbio retrato de medio cuerpo de un sefior, numerado con el 956 y atribuido al Tintoreto; la figura de Un caballero, número 881, que se dice ser de Antonio Moro; las preciosísimas efigies de D. Felipe IV, nifio, y de su hermana do a Ana Mauricia, por Bartolomé González; el estupendo retrato déla reina de Francia María de Mediéis, por Van Dyck, y la brillantísima colección de los Goyas: elGodoy príncipe de la Paz; el Costillares, el D. Mariano Luis de TTrquijo, el Vargas Ponce, y tantas obras de aquel maestro de los retratistas presentes y futuros. Tenemos verdadero sentimiento en no poder completar esta ligera información, pero en realidad, el grabado y los procedimientos tipográficos no pueden dar sino muy remota idea de lo que tanto vale y tan alto interés ofrece. No atrae la Exposición de retratos público tan numeroso como otros concursos artísticos; pero se nota que cuantas personas asisten á ella van guiadas del interés histórico ó del artístico, y no movidas de simple y vulgar curiosidad. FOT. CIFUBNTES D. EVARISTO PÉREZ DB CASTRO, PRESIDENTE DEL CONSEJO DE MINISTROS QOE FUE POR GOYA EXPUESTO POR D. MANUEL SOLER Y ALARCÓN