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I l i ABBCB que no, pero tener una herradura detrás de la puerta es el mejor remedio contra la mala Bom bra. ¿Sabe usted? dicen generalmente los del sexo fuerte; esto no es manía, ya comprenderá usted que no creo en eso; pero si á mi mujer la quitase una herradura, seguramente se ponía á la muerte. ¡Y claro está, no es cosa de colocarla en ese trance! Pero estos individaos, en su mayor parte, ocultan hipócritamente sus supersticiones, y ¡os que tienen la desgracia de creer en agüeros, ya tienen bastante para no vivir con tranquilidad en toda su vida. ¡Desgraciado de usted si al comprar un décimo mira el número! Ya no resultará agraciado, aunque para que la lotería nos favorezca, es condición indispensable que termine en trece, que sumados BUS números den la misma cifra, y que el décimo sea frotado previamente contra la espalda de un jorobado hasta sacarJe brillo. Además, para que salga premiado tiene que comprarlo una mano inocente, y ahí tienen ustedes la verdadera dificultad, porque no es tan fácil encontrar una mano inocente. Bn punto á supersticiones, las hay de todas clases. Hay quien si ve á un tuerto en la calle se pone malo, se vuelve á casa y cierra la puerta; y si en el camino encuentra un entierro, entonces la cosa reviste caracteres alarmantes! Y como el que tiene la desgracia de ser tuerto no va á renunciar á salir á la calle hasta que se arregle lo del ojo, y como ai que se muere lo entierran y además le pasean metido dentro de una caja por el casco de la población, de ahí que el timorato que amanezca en un día tan desdichado no se atreva ni á respirar. Para otros, en cambio, es mucho peor hallar á su paso un cojo ó comer con trece, cosa verdaderamente temible cuando no hay comida más que para doce. Pero si estos fatales encuentros pueden convertirse en irremediables desgracias, diré á ustedes á continuación las propiedades, virtudes y amuletos de algunas piedras y plantas. Y empezaré por decir á ustedes que la piedra del jacinto tiene, entre otras virtudes, la de evitar la melancolía, confortar el corazón y avivar el ingenio, para lo que es necesario llevar el jacinto consigo, encima de la carne y debajo de la elástica. El diamante también tiene su repertorio, y entre otras propiedades, el que lo lleva no podrá ser tomado de ojo, á pesar de lo cual hay muchos que lo llevan. La esmeralda es poderoso remedio contra la tempestad, sobre todo cuando hsy pararrayos en la casa. La turquesa sirve para hablar bien y sueltamente; lo que participo á los tartamudos, para que puedan ajustar él trolley de la conversación. La amatista impide la borrachera al que la lleva consigo, y como el que la lleva para él es, de ahí que la amatista debiera figurar en todas las prevenciones. La artemisa destruye el cansancio tomada en polvo. La cera nueva, según Aristóteles, pobre Aristóteles! tiene el privilegio de que, colocada en los cuernos de un novillo, éste sigue al hombre. Nada dice Aristóteles de cómo le sigue, si con las intenciones de un Miura ó con la docilidad de un perro. De todos modos, qué importante descubrimiento para el toreo! Conque ya lo saben los supersticiosos: con un collarcito de jacintos, diamantes, turquesas, esmeraldas y amatistas, se verán libres del mal de ojo, serán parcos en la bebida, hablarán bien, tomarán la alternativa, y además llevarán cinco duros en el bolsillo. ¡Ah! y volverán á presenciar otros festejos de la próxima coronación. Lms GABALDÓN