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En cambio sn hermano y sucesor Carlos m que contó entre sus ministros no pocos encarnizados enemigos de la lidia de reses bravas, celebró muchos sucesos con espléndidas corridas reales. La primera de ellas fué la que se organizó en Diciembre de 1759 con motivo de su jura y proclamación, y en la que actuaron como matadores los Palomos, Cándido y el Zurdillo. Después, y sólo en el afio de 1756, se dieron: una el domingo de Pascua de Resurrección, aunque no de convite, sino con destino sus productos al hospital de San Antonio Abad; otra el 11 de Junio para agasajar al hermano del rey de Inglaterra, príncipe de MaklenburgoStreslitz, y dos el 3 de Septiembre y el 30 de Diciembre con motivo de los desposorios del príncipe de Asturias, después Carlos IV, con María Luisa. En el reinado de éste se solemnizó la jura como heredero de la corona del que andando el tiempo había de ser Fernando Vil, nada menos que con cuatro corridas de toros celebradas en la Plaza Mayor, y que se dieron los días 18, 21, 24 y 28 de Septiembre de 1789. Tampoco faltó solemnidad á la que dispuso la villa de Madrid el 20 de Julio de 1803 para celebrar las nupcias del mismo príncipe Fernando con su primera esposa la princesa de Ñapóles María Luisa Antonia, á pesar de haberse celebrado aquellas bodas en Barcelona. IV A ninguna de las fiestas de toros que se dieron en el breve y azaroso reinado del intruso José, ni á las muchas que celebró Fernando VII antea y después de su cautiverio de Valencey, pudo dársele propiamente el nombre de regia. En cambio, de todo el aparato de los más suntuosos festejos reales se revistió el espectáculo dispuesto por la villa de Madrid al ser jurada la reina ñifla Isabel II, y en el que la lidia de toros, siendo muy lucida, que dó eclipsada por los esplendores de la alegórica mascarada de que aquélla fué precedida, y de cuya propiedad y riqueza se hideron lenguas propios y extraños. Para los buenos aficionados, sin embargo, las que dejaron indeleble memoria fueron las que se dieron en Madrid los días 16, 17 y 18 de Octubre de 1846 con ocasión del doble enlace de aquella misma reina Isabel con sn primo el duque de Cádiz, y de su hermana la infanta Luisa Fernanda con el duque de Montpensier. Las fiestas resultaron animadísimas, tanto por la bravura délos toros como por la destreza de los lidiadores, habiendo quedado tan minuciosas descripciones de ellas, que hasta se sabe que la cuadrilla de Lucas Blanco vistió de verde y plata; la de Montes, de grana; la de Cuchares, de café, y la del Chiclanero, de azul, las tres con golpes de oro. Estos fueron los últimos festejos reales que se dieron en la Plaza Mayor, y sin embargo, aún hemos alcanzado dos corridas regias celebradas en la nueva de toros de Madrif que seguramente no cedieron en nada á las más esplendorosas que en su género se celebraron en los mejores tiempos. Se trata de las que en los días 25 y 26 de Enero de 1878 celebraron las bodas de Alfonso XII con dofía Mercedes de Orleans. No hubo en ellas corrida de prueba y de tarde; pero empezado el espectáculo á las doce de la mafiana, no terminó hasta que muy cerca de la noche se levantaron de su palco SS. MM. Del boato desplegado, basta para dar idea el decir que en el paseo figuraron cuatro caballeros en plaza el priiner día y tres el segundo, apadrinados todos ellos por Grandes, diputados provinciales y concejales, y que en ambos días se componían las cuadrillas de 17 espadas, 27 picadores, 48 banderilleros y 4 puntilleros. De los diestros formaban parte algunos, largos años hacía retirados de su profesión, tales como Julián Casas, Cayetano Sauz, Manuel Arjona, Ángel López fUeárafeí- o) Gonzalo Mora, José Antón Suárez y Domingo Mendíbil, sin contar con que alternaban con ellos los entonces en todo su apogeo Lagartijo, Frascuelo, Carrito, Ángel Pastor, Caraancha, etc. etc. La segunda de las fiestas, sobre todo, en que estuvo menos desapacible el tiempo que en la primera, resultó de tal brillantez, que el público disputó aquélla como una de las mejores corridas que había presenciado. Pero aquí puede darse por terminada la serie. En las corridas de l.o y 2 de Diciembre de 1879 solemnizando el nuevo enlace del mismo Monarca con la actual Reina Regente, hubo ya mayores economías, y ni el boato de carruajes de la Grandeza pudo compararse al de las pasadas fiestas, ni pisaron el ruedo arriba de ocho matadores, entre los que hasta faltaba JVascMefo. Y b a s t a d e historia. Materia sobra tififimiflii hasta para un libro, pero no es cosa de cansar al lector con detalles que por conocidos p u d i e r a n serle enojosos. Lo que trayendo á colación estos recuerdos quería probar, 68 que nunca se s o l e m n i z ó á derechasacontecimiento a l g u n o en España sin celebrarsefiestas de toros, y que atenta á tal precedente, en nuestro juicio, ha obrado cuerdamente la Diputación Provincial de Madrid. A. K. CHAVES DIBVJO D I RB 6I D 0 R FOT. LACOSTE