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CRÓNICAS MADRILEÑAS LA SEMANA PASADA uBÓ el Eey, fué aclamado de veras; las altas clases y el pueblo, fundi dos en el mismo deseo de ver al Rey dueño de sí mismo, al cabo de dieciséis años de no conocerle sino de oídas, vitorearon al Monarca lo mismo en la aristocrática Carrera que en los barrios bajos. En el centro, las señoras agitaban los pañuelos; en Puerta de Moros, las buenas mozas del barrio detuvieron el regio coche para ofrecer ramos de flores á Alfonso XIIL La infanta Isabel, la amiga de los madrileños, faé también objeto de grandes ovaciones. Dígase lo que se quiera, el pueblo de Madrid está identificado con sus reyes. La Reina Regente se ha despedido de la nación en alocución muy sentida. Su obra es admirable; la educación del Eey no era empresa fácil, y ahora vemos que si le ha tenido tantos años guardado en las alamedas de la Casa de Campo ó en Palacio, ha sido para decirnos un día: Helo ahí, el Rey s á l l ÍÉÍ LLEGADA DEL REY AL CONGRESO hecho hombre, dispuesto á regir los destinos de la Patria. Al verle tan alto, tan simpático, pasando de niño á soberano, Madrid le ha saludado lleno de esperanzas; pidamos á Dios que no se vean nunca defraudadas. Ciento cincuenta mil personas pasean por las calles, acuden á todas las fiestas del programa, recorren la ciudad viendo las iluminaciones, los faegos artificiales; no hay desorden, no hay disgustos; el madrileño sabe andar, no pierde la calma más que en el momento de coger el tranvía; entonces sí que anda la marimorena, y hay trompazos y puñadas porque todos quieren subir á un tiempo, para llegar todos antes; y como eso no es posible, se empujan, se pegan, gritan; pero, en fin, hay alegría, hay movimiento, hay vida... Los personajes extranjeros divierten á la chulapería. El cosaco que viene con los rusos ha dejado tamañitos á Barroso y á Vital Aza. Los ingleses me traen unas gorras de pelo que parece A S A L T O D E UN TRANVÍA. que llevan un borrego encima. Los moros con sus alquiceles blancos hacen gritar á las hijas de Madrid: ¡Mírales, mírales, que salen de darse un baño en el río! -Los alemanes inspiran respeto, y los franceses con su bizarro general Florentin á la cabeza, son los amigos, los futuros aliados á la raza hermana, son los representantes de la vida moderna, la civilización y el progreso. No se puede ir más que á pie; tomar un coche es cosa imposible, y cuando se encuentra uno hay que tratar antes con el cochero- ¿Cuánto es por ir de aquí á la plaza de Oriente? -pregunta un forastero. -Un duro. -Pero hombre, la otra vez me costó una peseta que me llevaran. -Le llevarían á usted de la mano. Otro madrileño le dice á un auriga: -Vamos frente á la Cárcel Modelo ¡y se lo dice en las Cibeles! y el cochero responde: -Dígalo usted más bajo para que no se entere el caballo ETJSEBIO BLASCO P A L M E R A S DE LA CARRERA DE S A N JERÓNIMO F O T MDNOZ D E B A S N A