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CARLOS IV I o ya en el relato de la Historia ni en la pompa y tiesura de los discursos oficiales de académico empaque hemos de buscar el retrato y verdadera imagen delEey D. Carlos IV. Donde hemos de buscarle, donde le encontraremos tal como era, y con la ventaja de que podremos verle con sus naturales colores, con su bonachona expresión, con su propio eJegantísimo traje, es donde le han buscado el novelista y el dramaturgo y todo aficionado al arte: en los cuadros y en los tapices en que Goya reprodujo la vida entera de su tiempo, con una abundancia de alegría sanguínea por ningún otro pintor superada en su tiempo ni en los posteriores. Carlos IV, lo mismo que Felipe IV, viene á ser para nosotros alguien así como una persona de la familia, un sefior á quien hemos conocido y tratado, cuya fisonomía estamos habituados á contemplar como las de nuestros amigos y contemporáneos. Débese esto á que si Felipe IV, el rey poeta, tuvo la suerte de ser retratado muchas veces por el Padre de la pintura D. Diego Velázquez de Silva, Carlos IV, el rey cazador, fué muy poco menos afortunado que aquél, puesto que muchas veces le retrató también el Hijo de Velázquez y de sus obras: el testarudo aragonés D. Francisco de Goya y Lucientes. Va también la efigie de Carlos IV asociada, no sólo á un recuerdo tan agradable como el de los tapices y lienzos de Goya, sino á otro agradabilísimo, y que en el día casi tiene valor arqueológico: el de las onzas de oro; y á tal punto es esto cierto, que nadie ignora cómo cuando una persona se parecía á Carlos IV, solía decirse que tenia cara de onza de oro. Del bondadoso Monarca nadie tuvo nada que temer, sino los conejos, los corzos y los jabalíes, encerrados entre los setos del Pardo ó en los rincones de la Zarzuela. Gran cazador, como casi todos los reyes de su casa y familia, en el Pardo olvidaba los sinsabores del gobierno, cual también lo hizo su padre el egregio Carlos III, siguiendo la costumbre establecida por los reyes de la dinastía austríaca, y en particular por Felipe IV. Era asimismo aficionadísimo á la mecánica y á la carpintería, y hasta hace poco se coneervaban én Aranjuez algunas obras de sus manos.