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LUIS I N soneto que circuló mucho sin duda en aquella época, y que lia descubierto y publicado recientemente en su amenísimo libro Luisa Isábd de Orleans y Luis I el joven y erudito escritor D. Alfonso Danvila, dice así: Rey y Reina en el monte retirados; Rey y Reina en la corte ya reinantes; aquéllos (como siempre) dominantes, pero éstos (como siempre) dominados. Los Grandes (inocentes) exaltados; los Grandes (que lo son) como eran antes. Secretarios á pares, como guantes, mal merecidos, pero bien calzados. El Gabinete, de varones fríos; el ministro de Francia (gran lagarto) en Valsain afecta sus desvíos. De este... embarazo, ¿qué monstruoso parto podemos esperar, paisanos mios? A quien me lo acertare, daré un cuarto. En efecto, misterio casi indescifrable oculta las verdaderas causas de la renuncia y abdicación de Felipe V cuando este monarca se hallaba en la fuerza de la edad y sin temor á contingencias políticas desagradables o peligrosas. El historiador de loe Borbones Guillermo Coxe, el sabio profesor Sr. Sánchez Moguel y el mismo Sr. Danvila, tratan de explicárselas causas de tan extraño suceso, y nolo consiguen ciertamente. Pronto se deshizo la confusión. Luis I, rey i, los dieciséis afios, recibido en Madrid con grandísimas muestras de regocijo y amado del pueblo, reinó sólo siete meses y medio, muriendo de viruelas en Madrid, en las circunstancias que narra el interesante libro del Sr Danvila, Á cuya lectura remitimos al curioso. Lástima fué, porque el jovea monarca era simpático á todo el mundo; el pueblo había visto ó creído ver en él, como en todos los niños criados con madrastra, una víctima del infortunio. No obstante, la Historia asegura que la segunda mujer de Felipe V, doña Isabel de Farnesio, procedió respecto de Luis I como una verdadera madre, y de las cartas de éste, curiosísimos documentos en que el rey ñabla de ella con sumo cariño, asi se deduce también.