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EM YI. DIJL Hasán (Dios le maldiga, porque EL alarifenombra ala envidia quien le nombra) á Ornar odiaba con mayor vehemeocia que se amaba á sí mismo: era en sombra. La envidia muerde el seno que la abriga, como el áspid, y acorta la existencia: Hasán, aún mozo, parecía viejo. Ornar era gallardo, y la conciencia B faz ennobleció con BU reflejo. U Era cuando Alhamar gloria á su nombre! aquel alcázar elevó esplendente, destinado á los genios más que al hombre, y misteriosa suerte en su recinto unió á los dos obreros fatalmente; mas el trabajo de ambos, cuan distinto 1 Hasán la piedra desbastaba á mazo confundido entre mil, faena tosca que dio fuerzas de cíclope á su brazo; siempre al soslayo la mirada fosca, pensaba: si este bloque inerte y duro fuese su corazón y con seguro martillear, la piedra deshacía. De siete siglos resistió al ultraje la obra de Ornar, y asombra todavía; no las hadas, él era quien tejía con luminosas hebras el encaje de la Alhambra en los muros suspendido; él trazaba esas líneas que hábilmente serpeando se quiebran de repente para bordar el tema repetido con graciosa insistencia: pájaro, estrella, flor, grave sentencia; después, armonizando los fulgores que ciegan en el cielo y en la llama con los del oro, vida deslumbrante sabía dar á las vistosas ñores, á la curva ondulante, al signo, al monstruo y á la esbelta rama. Con su presencia el rey, cuenta la fama, le honraba enalteciendo sus primores. Hasán el envidioso vio en sueños al diablo, y de esta suerte le rogó: -No le mates, que la muerte ser pudiera el reposo; quiero que sufra lo que yo he sufrido Entonces Satanás le habló al oído. Huyendo de la luz abrasadora que enerva los sentidos, una siesta Ornar, con inocencia imprevisora, de la Alhambra internóse en la floresta; la verde umbría de los robles altos buscó, donde el arroyo se desmanda en bulliciosos saltos, donde la hierba en flor es fresca y blanda; allí dejó caer los miembros flojos como en mullido lecho; los brazos extendió, cerró los ojos Oyóse rastrear fiera en acecho, que al fin saltó del matorral cercano; silbó el aire, y brilló tajante filo de un hacha, que al caer con golpe rudo no hirió de Omar el corazón tranquilo, pero segó á cercén su diestra mano. Con el alma á los ojos asomada, causaba horror Hasán j inmóvil, mudo, de huir no se acordó, por la delicia que sentía al coirrer la sangre odiada. Al divulgarse la fatal noticia, con el Arte lloró toda Granada. Pero el día llegó de la justicia; en torno de la puerta así llamada por añeja costumbre, se agolpó la impaciente muchedumbre. Á tÁ i ir -iSr- i I A sus frases de cólera y de insulto, Hasán permanecía indiferente; pero cuando el versículo divino oyó que dice así diente por diente, con júbilo en el rostro mal oculto pensó el infame: cPues trunqué el destino de aquella mano para mí funesta, perder la mía inútil poco importa Y con la mano sobre el tajo puesta dijo al verdugo sonriendo: cCorta. Mas el silencio fúnebre rompiendo una voz exclamó: ¡Yo le perdono I Tornó á brotar el clamoroso estruendo, y Omar apareció, descolorida la frente aún y vacilante el paso; en inspirado tono habló á la muchedumbre sorprendida: Nuestra ley me autoriza ¿Existe acaso para el alma envidiosa otro castigo mayor que la nobleza en su enemigo? Al peso del perdón su frente doble y el grito al fin de su conciencia vibre... Y mirando al traidor dijo: Estás libre. Aquella noche, Haeán se ahorcó de un roble. BlCABDO GIL DIBUJO DE ÁLBKKTI 1 f 5 jV í 1