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I iwi DjLiviJL DH; eE: Yia- MK kuiKif lío haya leído las cartas celebérrimas de madama de Sevigné, mal hará en creer que conoce toda la insondable profundidad del espíritu femenino. Con razón, comosiempre, dice Sainte Beuve que María de Eabutin Ohantal, marquesa de Sevigné, parisiense, nacida en 1626, no es un autor clásico, sino que es uno de nuestros conocimientos, ó mejor dicho, tuna vecina, una amiga Eu efetto, habrá otros autores más hondos, más importantes; habrá otras mujeres más apasionadas y más poéticas. Lo que no hay es un espíritu más simpático, más agradable, risnefio y ameno que el de madama de Sevigné. Con la lectura de sus cartas nos recreamos como con la deliciosa conversación de nuestra más estimada y respetada amiga. Sus observaciones, siempre justas, y sus frases, ingeniosas siempre, pasan ligeras y graciosas ante nuestros ojos en desfile intereeantísimo, alegre á ratos, á ratos melancólico, pero sin camaraos jatnág. Parece que la Naturaleza se rtcreó en fabricar con toda perfección aquel arquetipo del eíerno femenino, en el que todo es noble, ponderado y discieto. Al hab. ar de ella- -añade Sainte Beuve- -se habla de la gracia misma, pero no de una gracia fofa y blanda, entiéndase bien, ino de una gracia viva, abundante, llena de buen sentido y de sal, exenta de toda lánguida palidez. La aristotíática finura y la superioridad de alma que la caracterizaban aún no hubieran sido bastantes á librar de las murmuraciones de la corte á una viuda joven y bella como era madama de Sevigné; pero la salvó el amor inmenso, imponderable, que tenía á su hija, madama de Grignan, á quien se dirigen las más de sua cartas. A este amor consagró toda la energía, todo el aliento de su alma escogidísima. ORLA DE A B I J A