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MUERTE DE S. M. EL REY D. FRANCISCO DE A IS Epinay, á pocas leguas de París, vivía hace muchos D en la obscuridad y en el silencio el que fué rey 8 de España, dedicado á la lectura, al cultivo de sus artísticas aficiones y al más grato y filosófico alejamiento de las pompas mundanas. El palacio es magnífico, pero de un gusto sencillo y severo. Admíranse en él, á más de la suntuosidad del mueblaje, la riqueza y variedad de los tapices de los Gobelinos, entre los cuales el rey prefería y pagaba muy bien los que representaban episodios del Quijote. La vida familiar de D. Francisco de Asís en compañía de su fiel secretario señor Palomino y de las señoras y señoritas de la familia de éste, era apacible y sosegada como pocas. De vez en cuan do introducía alguna alegre v a r i a c i ó n en la existencia del bondadoso anciano la visita de una de sus augustas hijas, siendo la más asidua en acudir á su lado S. A. la infanta dofla Eulalia, á quien adoraba el Rey. A pesar de lo a v a n z a d o de su edad, hasta hace I l K: N l- i; o EN 1846 muy pocos a ñ o s CUADRO DE DON FEDERICO DE MADRAZO había conservado FOT. VIDDÁ AMAYRA. la gallardía y elegancia de su figura. Últimamente, aquella finura aristocrática del semblante se había espiritualizado de tal manera, que, según afirman quienes v i v í a n junto á él, ya el Bey no parecía d e e s t e mundo, Casi no podía EL REY FRANCISCO EN LA GRANJA, EN 1880 andar á pie, y sólo FOT. MÉNDEZ paseaba por el jardín der castillo en un sillón de ruedas. Su última diversión consistía en sent- rse en la terraza que hay á la espalda del palacio y corapartir su comida con las avecillas de la abundante y repuesta pajarera. Con criados, servidores y amigos era afectuoso y llano, como todos los grandes señores, y profesaba especial cariño á los porteros del palacio, y singularmente á la portera Juliana, con quien solía conversar. Su grande amigo y acompañante era su médico el doctor Monribot, quien todas las tardes solía jugar al ajedrez con Su Majestad. Le Journal ha referido con gracia cóEL REY FRANCISCO EN 1893 mo se conocieron. FOT. CHUSSEAU FIAVIENS Hace muchos años, enfermó el Rey; llamaron al doctor Monribot, y este buen señor republicano apenas aceitaba qué tratamiento debía usar. El Rey aguantó con paciencia una rociada de vuestra grandeza tvuestra eminencia monseñor y otros apelativos más Ó menos propios, y al fin, viendo los apuros del médico, le dijo l A FAMILIA REAL BN 1860 sonriendo bondadosamente: t Llámeme usted ciudadano. FOT. NAPOLEÓN