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LA SIESTA PRIMAVERAL días del invierno y ardiente sequedad del estío. NHasta de reposo y placidez absoluta entre la sequedad heladade hojas, el solla implacable abrasa el campo que los árboles siempre tardíos acaban de cubrirse yermo y leina en la llanura con señorío devastador. En vano el cansado viandante busca con los ojos y con el deseo una sombra reparadora, un rincón de verdura donde reposar el cuerpo rendido. Llega la hora enervante de la siesta, y los pobres desheredados á quienes el sol hostiga tienen que acogerse á la menguada sombra de un arbolillo señero y solitario que en medio de la descarnada llanura tiende sus débiles brazos cubiertos de raquítico verdor hacia el cielo, implorando una limosna de agua. En estas horas el vivir se desliza lentamente, con trabajo y fatiga. La siesta primaveral es un anticipo de los ardores del verano; pero al pobre ambulante le sabe á gloria, porque, según el dicho castellano, tdesde que Mayo asoma, hay sopas en todos los cerros DIBUJO D B A L E E R T I o puede con toda propiedad decirse que en el corazón de España exista la primavera, ni haya agradables