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CALENDARIO HISTÓRICO 23 n i A B R I L D E 1616. Mi; líR! C I Í R V A N T E S mO l el entierro no hubo la X SiNy pompa, ostentación y m a n i f e s t a c i o n e s extraordinarias de universal duelo que hicieron famoso el entierro de Lope de Vega, pero tampoco debió de ser un acto mezquino y obscuro, como ha supuesto la tradición mentirosa. Como hermano de la venerable Orden Tercera, fué conducido Cervantes á la última morada en féretro abierto y ndostrando descubierto al a i r e aquel rostro aguileno de singular belleza varonil, en el q u e nos imaginamos ver retratado como en su más acabado arquetipo el genio inmortal de nuestra raza. A más de los hermanos terciarios de San Francisco, debieron de acompañarle al lugar del eterno reposo muchos de aquellos sus buenos y regocijados a m i g o s de quienes con la serena placidez del varón fuerte se despedía pocos días antes de morir en el prólogo del Per siles. So faltaría su contertulio el librero Villarroe! en cuya tienda de la plaza del Ángel solía pasar el rato después del paseo yantes de recogerse á la calle del León, esquina á la de Francos, donde tenía su morada el autor del Quijote; y aun es de suponer que asistieran á la fúnebre ceremonia alguien de la casa del gran conde de Lemos, para quien fueron los Últimos pensamientos y las más dulces y postreras expresiones de gratitud del Manco sano, y alguien también que representase al benditísimo arzobispo de Toledo don Bernardo de Sandoval y Eojas, á quien, como al conde de Lemos, tiene la humanidad entera que agradecer la protección prestada á uno de sus más gloriosos genios. El insigne erudito presbítero D. Cristóbal Pérez Pastor, en su reciente libro Documentos Cervantinos, ha puesto muy en su punto la verdadera situación moral y t- tri- l ¡i si I r C O N V E N I O DE LA T R I N I 1 A R I A DONDE E TA ENTERRADO CERV- i TES material de Cervantes en los últimos años de su vida, destruyendo la leyendarománticacondensada en aquellos populares verBos de Serra: que Cervantes lio cenó cuando concluyó el Quijote Gracias á las investigaciones del 8 r. Pérez Pastor, nos cabe la tranquilidad de saber que la vejez de Cervantes no fué tan precaria y desastrada como han propalado varios autores. Claro está que ni era rico, ni gozaba de) a inmensa popularidad de Lope, ni, como á éste ¡e ocurría, se disputaban su lado y su conversación los personajes más entonados de la corte; pero con su mediano pasar estaiía Cervantes, al cabo y flu de los mil apuros y tártagos de una vida aperreada y laboriosísima, satisfecho como lo que era, como el más profundo filósofo que ha criado la tierra española. Andaba ya cerca de los sesenta y nueve años, y había visto y padecido todo cuanto se puede ver y padecer en el mundo, con más lo que de otros mundos y de otros tiempos se le alcanzaba á su cerebro, el más poderoso y comprensivo que en cráneo humano se haya albergado. Con todo, como él mismo escribía cuatro días antes de morir, llevaba la vida sobre el deseo que tenía de vivir ¡Espíritu sublime, alque ni los trabajos abatían, ni mustiaban las penas, ni los años doblegaban! Mucho y muybuenosehadicho del genio literario de Cervantes; lo mejor quizás lo escribió en páginas de oro el ruso Turgueneff. Pero aún más queda por decir de la bondad y grandeza moral del autor del Quijote. Con los documentos del Sr. Pérez Pastor y con un poco de amor á la patria, y á aquel hombre que la representa y peisonifira harto mejor que el Cid, podría escribirse algo más importante y substancioso que el Cervantes viajero, el Cervantes cosmógrafo, el Cervantes administrador militar, etc. ¿Qué sería? El Cervantes bueno. W. B.